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ENRIQUE VÁZQUEZ
León

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LA DECEPCIÓN palestina estaba descontada así como la falta de progresos tangibles, anunciada por la parte israelí. Dos caras de la misma moneda que confirmaban el poco interés de la cumbre árabe-israelo-palestina de ayer en Charm-el-Cheik. En realidad nadie sabe muy bien quién tuvo la ocurrencia, pero el presidente egipcio, con toda probabilidad instado desde Washington, tiene todas las papeletas en lo que era, abiertamente, un intento no de hacer progresar el tenue diálogo entre palestinos e israelíes, sino en reforzar al presidente Abbas tras la victoria de Hamas, en Gaza. Este hecho es capital. Es verdad que el gobierno de emergencia, formado por Abbas con técnicos y aliados del Fatah en Ramalá, ha recibido el apoyo de medio mundo y no hay apenas debate sobre su legitimidad, pero eso no es necesariamente lo que sucede en la vecindad árabe. Y El Cairo se distinguió en eso también. A la vista de que la Liga Árabe defendió a Abbas, pero sin censurar a Hamas, hizo algo tan insólito como difundir su propio comunicado muy severo con los islamistas pensando en los suyos, los

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