Hoy en día cuesta más del doble de lo que costaba en el 2005 comprar arroz, maíz, trigo o leche | Crónica | Los efectos del Nargis |

La ONU pide cambiar toda política que agrave la crisis de losalimentosEl jefe de las Naciones Unidas pulsa el desastre de Birmania

Más de 850 millones se encuentran en un estado precario de alimentación, el 60% en África y Asia El secretario

Ban Ki-moon conversando con una mujer y sus hijos refugiados en una tienda de campaña

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Isabel Saco Juan Campos - ginebra rangún
León

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El Consejo de Derechos Humanos (CDH) de Naciones Unidas instó a los gobiernos a modificar sus políticas si éstas contribuyen a agravar los efectos que está teniendo el aumento del precio de los alimentos básicos sobre los sectores más desfavorecidos en los países en desarrollo. Por primera vez desde que el alza de los alimentos empezara a ocupar las primera planas de la prensa mundial, tras los «disturbios del hambre» registrados en varios países (desde Haití hasta Egipto), los Estados se reunieron para debatir cómo hacer frente a este desafío. Los países enviaron así un mensaje de preocupación a la conferencia internacional sobre seguridad alimentaria que la ONU auspiciará en Roma del 3 al 5 de junio próximo. Al término del debate, el CDH aprobó una resolución en la que advierte de que «el derecho a una alimentación adecuada está amenazado con ser violado masivamente» y recuerda que una sexta parte de la población mundial sufre hambre, malnutrición e inseguridad alimentaria. Esta situación -agrega- afecta sobre todo a los países importadores de alimentos, aunque recalca que los que más sufren son los menos desarrollados de África, Asia, América Latina y el Caribe. La iniciativa de ese texto fue de Cuba y rápidamente recibió el apoyo de la mayoría de los 47 países miembros del CDH, cuyos representantes coincidieron en señalar la gravedad de esta situación, que está afectando directamente a unas 100 millones de personas, según cálculos de organismos de la ONU. A ellos se suman las más de 850 millones de personas que se encuentran en una situación en precariedad alimentaria crónica y de las cuales el 60 por ciento vive en África subsahariana y en el sur de Asia. Según los datos más recientes, entre marzo de 2007 y marzo de 2008, el precio del maíz aumentó un 31 por ciento, el arroz un 74 por ciento, la soja un 87 por ciento y el trigo un 130 por ciento. Con respecto a hace tres años atrás, el precio de las principales materia primas agrícolas se han disparado el 83 por ciento. Si a ello se suma el alza del combustible, la consecuencia es que hoy comprar arroz, maíz, trigo o leche le cuesta al consumidor final más del doble de lo que le costaba en 2005 en los países más afectados. El embajador de Cuba ante la ONU en Ginebra, Juan Antonio Fernández, dijo que esta reunión y el llamamiento aprobado representan «una respuesta (de la comunidad internacional) ante una tragedia de proporciones globales». «Los que mueren de hambre se cansaron de que en el mundo rico y egoísta se inviertan anualmente 8.000 millones de dólares en cosméticos, 17.000 millones en alimentos para mascotas o que el presupuesto global de guerra sea de más de 1 billón de dólares», dijo el diplomático. Otros países dijeron que esta situación también ha sido generada por las distorsiones que provocan «las prácticas comerciales injustas» en el mercado internacional, particularmente las políticas de incentivos y millonarios subsidios que otorgan los países industrializados a sus productores agrícolas. El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, fue testigo de la destrucción causada por el ciclón «Nargis» en el sur de Birmania (Myanmar), donde intenta presionar a la Junta Militar para que permita que llegue la ayuda internacional a los 2,5 millones de damnificados. Después de reunirse con el primer ministro birmano, general Thein Sein, quien le explicó que su Gobierno está a punto de poner fin a la prestación de la asistencia esencial, Ban sobrevoló en un helicóptero algunas de las áreas arrasadas por el devastador ciclón que atravesó el delta del río Irrawaddy, los días 2 y 3 de mayo. El «Nargis» causó 77.738 muertos, y transcurridos veinte días desde que arrasó la zona, un total de 55.917 personas permanecen desaparecidas. El Gobierno militar birmano, que siempre ha sospechado de las intenciones de la ONU y de las potencias occidentales, se ha negado a abrir las puertas del país a un masivo desembarco de la ayuda internacional, e impide la entrada de los cooperantes extranjeros y medios ofrecidos para atender a los supervivientes, que se enfrentan a la falta de alimentos y agua, y están amenazados por enfermedades. Ban calificó de estrictamente humanitaria su misión en este país, que la ONU intenta, sin éxito, conducir hacia la apertura democrática. El secretario general de la ONU insistió ante el primer ministro que Birmania tiene que dejar de desconfiar en la comunidad internacional. Por medio de la prensa estatal, la Junta Militar ha dado a entender que sospecha que la ayuda humanitaria internacional es para camuflar una estrategia que persigue cambiar el régimen con el apoyo de los trabajadores de las agencias internacionales Desde que ocurrió la catástrofe, la Junta ha autorizado el aterrizaje en el aeropuerto de Rangún de decenas de aviones con provisiones, incluidos varios de Estados Unidos, país que como la Unión Europea ) mantiene en vigor las sanciones económicas a Birmania en respuesta a la persistente violación de los derechos humanos. De acuerdo a la Junta , la ayuda distribuida hasta el momento por su Ejército y organizaciones estatales, ha cubierto las necesidades básicas de los damnificados, y ahora la prioridad está centrada en la reconstrucción

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