Más de 100.000 personas se congregaron en Chicago para compartir con el senador negro su triunfo electoral | Perfil | La nueva Jackie Kennedy |
Obama anuncia «una nueva era» La nueva familia de la Casa Blanca Michelle debuta como primera dama negra
«Un nuevo amanecer del liderazgo estadounidense está cerca», aseguró el presidente electo «Soy una an

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Ganó Barack Obama, y por una mayoría abrumadora. Ya es historia: por primera vez, un negro (afroamericano, según el eufemismo impuesto en EE.UU.) ocupará el despacho Oval de la Casa Blanca, al que llega a caballo de una corriente telúrica que llevó a los estadounidenses a acudir a las urnas como no lo habían hecho en los cien años anteriores: un 66 por ciento de los ciudadanos con derecho a voto lo ejerció, una tasa desconocida desde 1908. Consciente de lo que representa, el senador de Illinois, de 47 años, anunció a sus seguidores, congregados por miles en el Grant Park de Chicago, una «nueva era» del liderazgo mundial de los Estados Unidos, que seguirán siendo, aseguró, un símbolo de democracia y esperanza. En su primer discurso como presidente electo, en la madrugada de ayer en España, Obama se puso trascendente: «A todos los que esta noche nos ven desde el exterior, desde parlamentos y palacios, a todos los que escuchan apiñados junto a las radios en rincones olvidados del mundo (les digo:) Nuestras historias son singulares, pero nuestro destino es compartido, y un nuevo amanecer del liderazgo estadounidense está cerca». «A quienes pretenden destruir al mundo, los derrotaremos; a quienes buscan paz y seguridad: los respaldaremos, y a todos los que se han preguntado si el faro que es Estados Unidos sigue brillando igual que siempre, esta noche demostramos una vez más que la verdadera fortaleza de nuestra nación proviene no del poderío de nuestras armas, ni de la magnitud de nuestra riqueza, sino de la resistente solidez de nuestros ideales: democracia, libertad, oportunidad y fe inquebrantable», proclamó entre el delirio de sus seguidores. Para la historia Palabras propias de un discurso que ya ha dado la vuelta al mundo y se ha ganado sitio destacado en los libros de historia del siglo XXI. Pero los retos más inmediatos son internos. Y el más urgente, conseguir que el Congreso, dominado por los demócratas, apruebe un plan de relanzamiento económico de unos 60.000 millones de dólares para ayudar a millones de estadounidenses que no pueden afrontar sus créditos inmobiliarios. Si no se toman medidas, 7,3 millones de personas con viviendas no podrán pagar sus préstamos entre 2008 y 2010, y 4,3 millones podrían perder sus hogares. Unas 100.000 personas, seguidoras más de Obama que del Partido Demócrata, se congregaron en Chicago para celebrar la victoria. Ante ellos, el héroe de la jornada se presentó acompañado de su esposa Michelle y sus hijas Malia, de 10 años, y Sasha, de siete. «Esta noche, por lo que hicimos en este día, en esta elección, en este momento de definiciones, el cambio ha llegado a Estados Unidos», les dijo, y atribuyó el mérito del cambio histórico a «jóvenes y viejos, ricos y pobres, demócratas y republicanos, negros, blancos, hispanos, asiáticos, nativos estadounidenses, gays, discapacitados y no discapacitados». Obama es el cuadragésimo cuarto presidente de Estados Unidos. Lo supo pronto. Obama hereda de George W. Bush un país comprometido en dos guerras, en Irak y Afganistán. El demócrata Barack Obama será el nuevo inquilino de la Casa Blanca. Junto a él, sus hijas Sasha y Malia y su esposa Michelle. Los cuatro saludaron a los miles de seguidores concentrados en el Grant Park de Chicago, Illinois, para celebrar su victoria en las elecciones de Estados Unidos. La tradición manda que el nuevo inquilino llega a la Casa Blanca con sus mascotas, y Barack Obama no será menos, dado que ha prometido a sus dos hijas su ansiado cachorro. «Sasha y Malia. Os quiero más de lo que os podéis imaginar. Y os habéis ganado el nuevo cachorro, que vendrá con nosotros a la Casa Blanca», dijo Obama. Sus simpatizantes la presentan como una nueva Jackie Kennedy, considerada por los estadounidenses como una de las primeras damas más refinadas de la historia independiente del país. La futura primera dama rezuma juventud y elegancia, tal como la esposa del asesinado presidente John F. Kennedy a su llegada a la Casa Blanca. Michelle Obama tiene un hablar franco y su cáustico sentido del humor la llevó a ser acusada de antipatriota, arrogante y hasta de racista. Elogiada por su inteligencia y donaire, ha sido calificada «la parte ácida» del senador por Illinois por los medios conservadores. Con 44 años, Michelle admite haber visto con desconfianza que su esposo de lanzarse a la carrera por la Casa Blanca. Pero aceptó bajo dos condiciones: que Malia y Sasha vieran a su padre al menos una vez a la semana. Y que él dejara de fumar. Obama cumplió... a medias, ya que confiesa que de tanto en tanto se rinde al prohibido placer del tabaco y se fuma un cigarrillo.