Diario de León

El número de muertos asciende a 228 y los desaparecidos se cifran en medio centenar

El centro de Italia vuelve a temblar con una sacudida de 5,5 grados

Entre los 1.500 heridos hay cien graves y la búsqueda de supervivientes continuará 48 horas

Una mujer contempla los destrozos provocados por el terremoto en dos vehículos en L´Aquila

Una mujer contempla los destrozos provocados por el terremoto en dos vehículos en L´Aquila

Publicado por
Íñigo Domínguez
León

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l´aquila

Los números del terremoto que la madrugada del lunes devastó parte de la región de Abruzzo, en el centro de Italia, seguían ayer sin detenerse: los fallecidos ascendían a última hora a 228, a medida que continuaba la búsqueda entre los escombros. Un total de 150 personas fueron rescatadas con vida, pero la cifra de desaparecidos que se manejaba ayer a primera hora sólo se fue traduciendo en víctimas mortales a medida que se encontraban cuerpos. En la noche de ayer el número de personas sin localizar crecía hasta el medio centenar.

Los heridos son 1.500, cien de ellos graves. Las autoridades anunciaron que la búsqueda de supervivientes seguirá 48 horas más, aunque los bomberos señalan que hay posibilidades de hallar a alguien con vida hasta 15 días después.

Lo peor es que tampoco se detuvieron los temblores de tierra.

Réplicas

Por la noche, los miles de familias que han perdido todo y dormían en el suelo de los campamentos volvieron a sentir de lleno cómo temblaba la tierra. Decenas de réplicas del seísmo se sucedieron durante el día de ayer. A la una de la madrugada una alcanzó 4,8 grados, y a las once y media de la mañana hubo otro seísmo de 4,5, que agitó todo el campamento y se sintió también en algunas zonas de Roma. Pero el más fuerte llegó poco antes de las ocho de la tarde, que con 5,5, sólo tres puntos menos del que causó el desastre, originó nuevos derrumbes en el centro histórico de L-™Aquila, donde aún trabajaban los equipos de rescate. Se levantaron nubes de polvo y a última hora de ayer se descartó la existencia de nuevas víctimas.

Este nuevo temblor se sintió con nitidez en la capital italiana y en las regiones del centro de Italia. Los expertos no cesaron de asegurar que se trata de normales réplicas de ajuste del terremoto del lunes, pero la aprensión ayer era enorme, y no sólo en Abruzzo. Las terribles imágenes del día anterior se agolpaban inmediatamente en el cerebro de millones de italianos.

Entre los supervivientes, en el millar de refugiados que ayer pasaron su primera noche en el campamento de acogida de L-™Aquila, instalado en la pista de atletismo, o en sus coches, se repetía una frase: «No os olvidéis de nosotros». Saben, por otros terremotos italianos, cómo suele acabar la historia: la vida comienza en tiendas de campaña, que se mejoran con comodidades hasta que se pasa a la casa prefabricada y a partir de ahí el tiempo se detiene.

Pueden pasar años, el dinero desaparece y los políticos se desentienden. «Sabiendo cómo es Italia qué vamos a esperar. Menos en el terremoto del Friuli (1976), que se hicieron bien las cosas, ya hemos visto cómo han acabado los demás», dice Giovanna Marotta, de 43 años, que ha dormido con su hermana y su madre de 80 años en su propia tienda de campaña al perder su vivienda.

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