Italia, sin exagerar
La agresión del domingo ha agravado una dolencia cervical que el primer ministro, de 73 años, sufre desde hace tiempo

El doctor Alberto Zangrillo, médico personal de Berlusconi.
Opinión | ENRIQUE VÁZQUEZ
Se imagina el lector el impacto que habría supuesto un ataque al presidente Obama idéntico al sufrido en Milán por Silvio Berlusconi? El fracaso total de los servicios de seguridad habría dañado no sólo su propia reputación sino hasta la imagen de la presidencia, incapaz de controlar su supervivencia al desproteger a quien la encarna.
Pero Italia ¡Ah, Italia es diferente!, según la esquemática y tópica explicación dada sin más al gravísimo asunto. Es verdad que todo allí es menos solemne y un punto más liviano e incluso trivial que en la mayoría de los países de la UE. Pero no se puede despachar lo sucedido con un cliché que acompaña tenazmente a Italia desde hace muchos años. La República trasalpina es la octava potencia industrial y el décimo PIB del mundo, una democracia consolidada y uno de los fundadores de la Unión Europea. Sucede, sencillamente, que Italia es una cosa y Silvio Berlusconi otra; y que en muchas latitudes se percibe como una anomalía inexplicable que alguien como él pueda ser jefe de gobierno.
Importa más que nada reflexionar sobre el calendario del delito. Berlusconi lleva años ejerciendo como primer ministro y lo ha sido hasta en tres períodos diferentes. Interesa saber por qué se produce ahora el atentado. Su imagen está deteriorada como nunca a causa de sus hábitos privados (las velinas y su vida licenciosa) y de sus penosas iniciativas políticas (cambiar las leyes para autoblindarse frente a los jueces). No es desproporcionado ver alguna relación cronológica entre su conducta y la de su agresor, un desequilibrado que escribió una carta muy equilibrada de arrepentimiento.
¿Y el país? Desde quien interpreta que el ataque y su inherente victimización terminarán por ayudar a Berlusconi hasta quien intuye que es el principio del fin, caben todas las opiniones. Pero sobran las que describen una insoportable tensión ambiental que podría reeditar nada menos que los años de plomo, con su guerrilla urbana, su terrorismo y su bloqueo institucional. La República vale más que eso y podrá con eso. Hay campo de juego suficiente para echar al cavaliere sin tocarle las narices. Pero eso exige, en primer lugar, una oposición articulada, solvente, creíble, tenaz O sea, mejor que Berlusconi.