CONCURSO DE REDACCIÓN DIARIO DE LEÓN

El efecto de la contaminación en el futuro

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León

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Me levanto por la mañana y me asomo por la ventana, aun recuerdo como era todo antes de la contaminación... los cielos eran azules, el mar estaba limpio, el aire olía a flores, el césped era verde... Ahora todo es muy diferente. Cuando miro al cielo solo veo esa enorme nube gris que nos cubre. El horizonte está difuso, pues el humo no deja ver más allá del portal de casa. El aire huele a quemado, a muerte. No se oyen los pájaros, solo los pitidos de un sinfín de coches que hacen que cada día mis pulmones ennegrezcan.

En la televisión, el presentador del telediario informa que la lluvia ácida ha vuelto a llevarse la vida de un paisaje, que ya de por sí era caótico.

Salgo a la calle y no encuentro diferencias, el humo sigue siendo irrespirable, el ruido sigue atronando mis oídos, poca gente va andando, y los que lo hacen lucen una cara acorde con el entorno, cara amarga desagradable. Tal vez producida por las prisas que lleva todo el mundo, o por los insoportables ruidos, o por el pestilente olor.

Sigo caminando sin rumbo fijo. A pocos metros de mi está la playa. Hace meses que nadie pisa por allí para dar un simple paseo, y años que nadie se en sus aguas. Aunque ya no puede denominarse agua. Las olas del mar ya no son lo eran... han perdido ese color azul verdoso que hacían tan apetecible un baño, su espuma, ya no es blanca ni limpia, ahora luce gris, y fangosa, cuando choca contra el acantilado produce un sonido amortiguado por la contaminación. Y lo que ahora esas olas arrastran, no son más que bolsas de plástico, latas, botellas, cajas y un montón de basura más.

Decepcionada por ese paisaje, salgo de la playa y voy rumbo al centro de la ciudad, a lo lejos, se ven las fábricas, montones de chimeneas que colorean el cielo, y no de azul o blancas nubes, sino de grises y en ocasiones incluso verdes y negras.

El gobierno sigue insistiendo en que se recicle, pero a la mayoría de la gente ya no le importa. ¿Por qué reciclar mi basura si puedo tirarla al mar? ¿Por qué apagar las luces que no necesito si puedo dejar que se consuman y se malgasten? ¿Por qué cerrar los grifos si puedo dejar que los pocos recursos que le quedan a la Tierra se agoten?

Antes utilizaban como técnica para persuadir a la gente que el Sol se apagará algún día, pero ahora todos piensan: ¿Qué importa? El cielo es gris y no puedo ver el Sol...

Ahora dicen que se extinguirán las pocas especies animales que quedan, y todos dicen: ¿Qué importa? No oigo a los pájaros por el ruido de la ciudad, y los bosques han sido arrastrados por la lluvia ácida por lo que no puedo hacer excursiones. ¿Qué importa que no haya animales si de todos modos no puedo verlos? Pero lo que la gente no piensa, es que si siguen contaminando de este modo, también nosotros acabaremos desapareciendo.

Alicia Rivera Sobrín

2.º ESO

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