El sueño de Vallejo no encaja
Desde el Rubicón F. ramos
Lleva meses presentándose como el hombre bueno de la ciudad, aquel que sólo quiere el bien para los demás. Pero, cuando el juego democrático le llevó a la oposición, suplicó por un puesto y se fue del Ayuntamiento. Alguien que siempre ha querido ser el muerto en el entierro, el novio en la boda y el cura en la procesión, no podía aceptar el ostracismo al que le habían relegado los votos. Sus metas eran más altas y, por eso, suplicó y suplicó hasta que le subieron al Alto del Portillo desde donde dirige la sociedad participada de Caja España, Inmocaja. Pero, claro, el puesto no venía aparejado de los focos y micrófonos que, durante sus años de concejal estrella de Mario Amilivia, le seguían allá donde iba. De pronto, un día vio la posibilidad y no la desaprovechó: él sería el próximo candidato del PP a la Alcaldía. Cecilio Vallejo bajó del Portillo, se sentó al lado de Carrasco, que lo nombró vicesecretario de comunicación, y comenzó a hablar como el candidato que aún no era. Pero, las cosas ya no eran como antaño. Ahora, en el PP manda la presidenta y él debe obedecer y a Vallejo no le gusta que le manden, le gusta mandar, porque él es Cecilio Vallejo y está por encima del bien y del mal. Por eso, cuando ayer le llamaron del partido para que respondiera a ciertas acusaciones que el PSOE y su amigo del alma, Ignacio Tejera, estaban vertiendo contra su presidenta, él escurrió el bulto, dijo que estaba fuera, en Madrid, y que lo hicieran los concejales.
El lunes pasado, cuando la permanente del PP reprobó a Manuel Lamelas -”el suegro de su amigo-” por su apoyo público al alcalde, también le reprobaron a él que no diera la cara, que no se enfrentara al PSOE y no que viviera el partido. Vallejo respondió, cual pataleta, que no sentía que confiaran en él. Otra vez salío el narcisismo de Vallejo . Yo, primero yo y después, si queda hueco, yo también. Vallejo dice que tiene un sueño de ciudad y de hacer política. Parece que no. Su verdadero sueño es perpetuarse en el poder o cerca, para recoger sus beneficios. Por eso, el lunes pidió a Carrasco que le nombrara ya candidato o bien que le ayudara a consolidar su puesto en Inmocaja, porque cuando la fusión sea definitiva las sociedades participadas dependerán de Salamanca, de Caja Duero, y a saber qué pasará. Dos peticiones, una sola respuesta: no. Sueña, Vallejo, que soñar no cuesta dinero, aunque en su caso sí: 120.000 euros al año.