Sin extravagancias, pero con sordina
Nadie escala en un medio tan hostil como la política sin dejar víctimas por el camino, aunque no es dado a hacer sangre. Salvo su pasión por la familia y la política, todo lo demás en Rodríguez Zapatero va con sordina. Sin extravagancias. Con la comida es frugal y sin rarezas. No se le recuerda escogiendo el vino. Fuma poco, medio paquete o menos al día, rubio de marca barata y algún pitillo suelto que roba a algún colaborador, pero nunca en público.
Apenas bebe, si acaso alguna cerveza, como las que se tomaba con los amigos en casco antiguo de León antes de ganar las elecciones. Los alcoholes duros no le van. Herencia feminista. No dice tacos. Jamás se le ha oído en público un comentario sobre el físico de una mujer, ni laudatorio ni de ningún tipo. Es feminista por convicción y por herencia. Hay una historia reveladora que el líder socialista repite más que la del fusilamiento de su abuelo, el capitán Juan Rodríguez Lozano, por permanecer leal a la República. Su madre, Purificación Zapatero, falleció en 2000 con un anhelo vital frustrado. Querría haber sido médico, pero la oscuridad de la posguerra quebró las expectativas de generaciones enteras de españolas. El presidente adoraba a su madre y heredó esa espina clavada. Sus políticas de igualdad le deben mucho
Los idiomas no son lo suyo. Estudia inglés con constancia desigual. A diferencia de Obama, no es un friki de las nuevas tecnologías. Como mucho, un móvil de última generación.