Los incendios se multiplican por León con total impunidad
Un fuego obliga a cortar la A-6 y otro pone cerco a Quintanilla del Monte
Vehículos de la Guardia Civil y de agentes forestales huyen de las llamas en Quintanilla.
El desafío de los pirómanos al sistema de prevención y lucha contra incendios es total; el pulso se ha terminado por enconar igual que sucedió en veranos anteriores, siempre que las condiciones climatológicas aportan el complemento ideal al éxito del afán de encender el bosque. El empeño se llevó tres hectáreas de pinar en Brazuelo, en una nueva exhibición de fomento de daño al entorno natural; este fuego, avance de la jornada intensa que iban a tener los retenes, llegó a amenazar el tráfico por la autopista A-6, que tuvo que ser cortada para preservar la seguridad de los conductores atrapados por una nube de humo en pleno trazado. La Junta llegó a activar el nivel 2.
Fue el aperitivo del sinvivir cotidiano en el que se ha convertido agosto en lo que a incendios forestales se refiere; a la localidad de Quintanilla del Monte le tocó sufrir ayer la sensación de angustia que nace de las llamas saltando por encima de las copas de los robles y el fuego llamando a la trastienda del pueblo. Los vecinos no se arredraron en ese momento definitivo de defender propiedades y vida ante el avance de las llamas. Quintanilla asumió su condición de estado de sitio, rodeada por una lengua de fuego que se expandió entre la hierba seca y la vegetación frondosa que domina el paisaje en torno a la localidad; el incendio vivió durante cinco horas y dejó calcinadas decenas de hectáreas de fincas y bosque en el límite con el casco urbano de Quintanilla del Monte. La fechoría del horario de siesta llegó hasta esta pedanía del municipio de Benavides de Órbigo a tres helicópteros, dos cuadrillas de tierra, grupos helitransportados; máquinas bulldozer y autobombas. Todo el despliegue llegó a parecer escaso ante el empuje del fuego, arengado por las altas temperaturas y los giros y la intensidad del viento.
A esa misma hora, como durante toda la jornada, trabajaba en los altos de la Cabrera, en las proximidades de la Baña, un ejército similar: tres días de fuego alimentado por arbustos y monte bajo al que ayer se trató de poner coto con tres helicópteros, único medio capaz de llegar a los puntos más altos por los que se desenvuelve el frente, entre riscos y peñas en los que resulta complicado ponerse en pie. Se ha incorporado al trabajo en este área, donde ya se aprecia una mancha de más de ciento cincuenta hectáreas quemadas, una cuadrilla de tierra, para tratar de sellar el incendio allí donde logran rebajar su fuerza con las descargas de agua de los medios aéreos.
Se aventura un mes agitado para estas dotaciones de personal anti incendios. La agitación de la actividad de los pirómanos, a los que los técnicos del servicio de medio ambiente achacan el 99% de las causas que originan los siniestros forestales en verano, se aventura en fase creciente, ahora que la vegetación está agostada y el calor da cobertura al desastre que parte de una cerilla.
Después de cinco días en los que los efectivos han trabajado sin resuello permanecen activos dos incendios en la provincia; y han tenido que solventar en tiempo récord otros frentes de gran magnitud. Acciones provocadas que permanecen impunes.