Diario de León

Dos huelgas de hambre y sin dinero para comer

Cuarenta familias recibirán ayuda del Banco de Alimentos

Ángeles Cadenas y su marido, J.M. Guerrero, alimentan a dos niños y le pasan pensión a una hija.

Ángeles Cadenas y su marido, J.M. Guerrero, alimentan a dos niños y le pasan pensión a una hija.

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carlos fidalgo | ponferrada
Ponferrada

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La hipoteca de un adosado, la letra de un coche de segunda mano, la pensión de una hija que vive con su madre, fruto de un matrimonio anterior, dos hijos menores a su cargo -"uno de ellos con una minusvalía del 60 por ciento que no recibe ninguna ayuda-" y un cuarto más, mayor de edad y emancipado, pero que necesita un empujón porque en la empresa donde trabaja en Toral de los Vados tampoco le pagan todos los meses. Una nómina y media sin cobrar. Y septiembre sin trabajar por la huelga. A José Manuel Guerrero, barrenista de Uminsa en el grupo Brañuelas con 20 años de antigüedad y a su mujer, Ángeles Cadenas, no le salen las cuentas. Demasiados gastos, demasiadas facturas, un nivel de vida medio que no pueden permitirse desde el verano, y una sola fuente de ingresos, los dos mil euros de Uminsa, que se ha secado.

Ayer, Ángeles y José Manuel, que viven en Albares de la Ribera (Torre del Bierzo) se apuntaron en la lista de los sindicatos para recibir comida del Banco de Alimentos del Sil. Como ellos, que no les importa contarlo, otras 39 familias mineras del Bierzo y Laciana también se han tragado el orgullo y han puesto su nombre en la lista porque tienen niños a su cargo. «No llegamos a fin de mes», explican Ángeles y José Manuel en su casa de Albares. Unos hacen huelga de hambre y otros no tienen dinero para comprar la comida.

José Manuel, de 41 años y al que le quedan seis meses para prejubilarse, sabe que hay otros que están peor que él pero no se atreven a salir en la foto o apuntarse en una lista para recibir alimentos. «Hay ayudantes mineros que ganan ochocientos euros, o barrenistas que están en mil doscientos o mil trescientos», dice echando por tierra la creencia de que la minería, con sus riesgos y sus enfermedades, todavía es un oficio bien pagado. «Yo he tenido suerte porque vengo de Minex (absorbida por Uminsa) y conservo los promedios». Con sus dos mil euros al mes y su mujer trabajando de mensajera, la pareja se atrevió con una hipoteca a 25 años -"les quedan 20-" y con un Mercedes de segunda mano. Pero Ángeles dejó el trabajo para cuidar a su suegra, que murió este verano, los ahorros se fueron en el entierro, dejaron de ingresar la ayuda de la Ley de Dependencia. Y la nómina de José Manuel se quedó en las oficinas de Victorino Alonso.

La solución ha empezado con una economía de guerra. «Les digo a los niños que apaguen las luces, la tele, y no salimos de casa desde hace dos meses», se lamenta Ángeles. A su lado, José Manuel, que también es el pedáneo de Albares, espera aguantar hasta prejubilarse. «Si esto no se arregla, ¿dónde voy yo con 42 años y 20 en la mina?», pregunta. «Sí, en seis meses estoy prejubilado, pero a lo mejor, a los 65 años, ya estás en el cementerio», se responde él sólo.

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