Huelga general del 29-S | Piquetes y trabajadores | Benedicto Díez. Piquete de UGT
«Hemos cumplido con nuestros objetivos»

Díez es afiliado de UGT desde hace 12 años.
La huelga general dura 24 horas. Por lo menos para Benedicto Díez, que arrancó a las 20.00 horas del martes con su actividad de piquete y se fue para casa ayer después de la marcha. Un día entero, entre reuniones, estrategias, actividad piquetera y pausas para café, bocadillo y poco más.
Liberado sindical -"«la mayoría de liberados que hay son de los partidos políticos y nadie dice nada», se defiende-" su labor comenzó después de la reunión de estrategia de las 20.00 horas. A las 21.45 horas, estaba en DC Wafers con el piquete para el turno de noche, al que «sólo se dejó entrar a 2 personas porque la empresa no quería cumplir los servicios mínimos».
En el tira y afloja, se le echó la noche encima, antes de entrar en el piquete que recorrió el Húmedo a partir de las 00.00 horas. «Fue lo que más me sorprendió. Éramos casi 300 personas», resalta Díez, quien admite, con la experiencia de sus tres huelgas generales, que «la gente en otras entendía mejor las cosas, por qué se cerraba y qué cosas se perseguían». «No se hablaba de liberados, ni subvenciones. Pero, en esta democracia, algo habremos hecho los sindicatos por las libertades y los derechos que tenemos», explica, después de una madrugada en la que estuvo en el polígono de Onzonilla, a las 04.30 horas, detrás de la barricada; a las 06.30 horas, en la puerta de los autobuses -"«sólo salieron tres, uno de ellos para discapacitados», reseña-"; y a las 08.30 horas en la sede de Caja España, en el Portillo, «donde no se pudo hacer nada y entraron todos», escoltados por un nutrido grupo de la Policía Nacional.
Más fructífera fue la jornada matinal. El paseo, desde las 10.00 hasta las 14.00 horas, recorrió todo el centro y llegó hasta Puente Castro, después de parar en El Corte Inglés y Carrefour como lugares señalados. «Eran básicos», explica Díez, quien se hartó de pegar pegatinas de la huelga general en los cristales y las trapas de las tiendas.
A última hora de la tarde, ronco, después de la polémica con los mineros, todavía tenía fuerzas: «Hemos cumplido con nuestro objetivo».