Huelga general del 29-S | La valoración en El Bierzo
Los sindicatos cifran un seguimiento del 100% en la industria del Bierzo
La patronal cuestiona los datos sindicales y habla de actividad oculta

Agentes de Policía garantizan el acceso de clientes a El Rosal ante la mirada del piquete.
No parecía que hubieran pisado las mismas calles, los mismos polígonos industriales, las mismas naves y comercios. Donde los sindicatos veían ayer a siete de cada diez trabajadores bercianos secundando la huelga, la Federación Leonesa de Empresarios sólo contaba uno.
Sindicatos y patronal vivieron ayer en mundos distintos. Al menos en el Bierzo. Y sólo coincidieron en el carácter pacífico de la huelga. Salvo algunas tensiones entre determinados comerciantes y el único piquete que recorrió el centro de Ponferrada tras un paseo por el polígono de La Llanada y el centro comercial El Rosal, la jornada transcurrió sin incidentes, y con empresas trabajando discretamente a puerta cerrada, con las persianas bajadas, para no llamar la atención, o dando vacaciones a sus empleados, como sucedió en Cabañas Raras con Comonor y en Camponaraya con Vitro. «El seguimiento de la huelga ha sido un éxito», decía a media mañana el secretario comarcal de CC.OO, Vicente Mirón, después de cifrar en un cien por cien el paro en la industria y citando a empresas como LM y Roldán, que recibieron la visita del piquete, como ejemplos de inactividad total. Mirón y su homólogo en UGT, Omar Rodríguez, anunciaron en una rueda de prensa conjunta que el 70 por ciento de los trabajadores del Bierzo estaba secundando la huelga, con un seguimiento del cien por cien en otros servicios básicos como el transporte urbano e interubano o la recogida de la basura. Los sindicatos reconocieron que el seguimiento había sido menor en sectores como la sanidad —«con unos servicios mínimos abusivos», en opinión de Rodríguez— y la enseñanza, donde la asistencia de alumnos, sin embargo, no fue significativa. «Ha sido una jornada de pupitres vacíos», resumió el ugetista, que junto con Mirón, no dudó en comparar la huelga de ayer con la del 2002.
La patronal lo vio de otra forma. El Círculo Empresarial leonés sólo reconoció la falta de actividad en el sector de la pizarra debido a «las dificultades en los accesos a las canteras y centros de producción», según el balance que realizó a última hora de la mañana. El presidente de Fele-Bierzo, Javier Morán, por su parte, desacreditó abiertamente las cifras de los sindicatos. «Las cifras que están dando son irreales, no se las cree nadie», aseguraba a media tarde, convencido de que sólo «un 10 por ciento de los trabajadores, y siendo benévolos», había secundado el paro. Morán reconoció que la factoría de LM estaba paralizada, pero aseguró que Roldán funcionó a medio gas, con los cuadros intermedios en sus puestos y la ausencia de «un 25 por ciento» de la plantilla. En el resto de polígonos industriales, insistió, el paro también fue mínimo, con empresas trabajando a escondidas.
El centro comercial El Rosal se convirtió durante la mañana en un lugar simbólico donde medir el éxito o el fracaso de la huelga en el sector del comercio. El piquete sindical que recorrió Ponferrada se situó en el acceso al complejo a media mañana, creando, en expresión del CEL, «un colapso en la entrada y en el aparcamiento». La Policía Nacional se presentó en el inmueble para garantizar el acceso a los escasos clientes y el piquete se retiró pacíficamente para recorrer calles del barrio de La Puebla Norte, donde la mayor parte de los negocios de hostelería permanecían abiertos, como en el resto de Ponferrada, y el seguimiento en el comercio era irregular. Algunos negocios amanecieron con pegatinas verdes pegadas en sus escaparates que anunciaban que el local iba estar cerrado por huelga. Morán tenía ayer claro que fueron sindicalistas los que las colocaron. «En Ponferrada, sólo han cerrado cinco comercios contados, de gente mayor que ha visto las pegatinas y no quería ganarse problemas. La huelga no tiene el apoyo de la sociedad», aseguró el presidente de Fele-Bierzo.
Los negocios que abrieron —en algunos casos después de que pasara por su acera el piquete— apenas tuvieron clientes durante toda la jornada y la ciudad mantuvo un aire de abandono que por momentos recordó al de un domingo o un festivo.