Diario de León

Huelga general del 29-S | La minería barrena la huelga

La huelga no para León

Los sindicatos cifran el seguimiento en el 73%, mientras la patronal habla de un escaso 7,5%

La manifestación, estirada, llegaba desde Guzmán hasta el consistorio de Ordoño II.

La manifestación, estirada, llegaba desde Guzmán hasta el consistorio de Ordoño II.

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A. CABALLERO | LEÓN
León

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El movimiento sindical leonés se quedó ayer en la encrucijada. Abierta por la huelga general, la fractura se abrió como un abismo en Gran Vía de San Marcos, frente al edificio de los sindicatos. Empezó la manifestación, con la pancarta de UGT y CC.OO. en cabeza, y los mineros, que venían por detrás, se quedaron parados antes de fundirse. Lejos de abrazarse, el encuentro se trabó en agarrones, con cachas en alto, que por poco no derivaron en pelea. «Delante, nosotros», gritaban los portavoces de la Marcha Negra, que exigían encabezar la comitiva, con sus familias detrás, a distancia de las enseñas sindicales. «El pacto alcanzado el sábado era que pasaban los 200 de la marcha, sólo ellos, después nosotros y después todos los demás. Les hemos esperado primero en la sede, después en La Inmaculada e, incluso, en avenida Roma, porque decían que cortaban por Colón, pero no han venido; han preferido reventar la manifestación», explicó el secretario provincial de UGT, Arturo Fernández.

En el cruce, de palabras y calles, los sindicatos -"seguidos por 5.000 personas, según la Policía Local, y salpicados por gritos de «vagos» y miradas de desprecio desde las aceras-" encararon la Innmaculada y Roma; mientras los mineros -"cobijados por 15.000 hombres y mujeres, palmadas en los hombros y palabras de ánimo-" se desviaban por Roa de la Vega para ganar Padre Isla, entrar en Santo Domingo antes y tomar la plaza de Botines, donde estaba montado el templete y la megafonía de CC.OO. y UGT. Desde ese fortín, vieron llegar a las fuerzas sindicales por Ordoño II y detenerse cuando asomaron a la fuente. Allí, ante el paso de peatones, la pancarta de la huelga general, con los líderes sindicales como estandartes, esperó cerca de 20 minutos. «Comisiones y UGT, sindicatos del poder», se escuchó. Una espera tensa, en la que volvieron a aparecer las cachavas para alejar a los que se acercaban con las banderas de los sindicatos de clase, quienes al final capitularon y se fueron por Gran Vía de San Marcos camino de su sede, sin dar siquiera la vuelta a la plaza para no pasar cerca. «Lo sentimos, porque era un día cojonudo; teníamos la posibilidad de acabar con gran éxito», lamentó en un remedo de discurso el secretario provincial de UGT, Arturo Fernández; a su lado, su homónimo de CC.OO., Ignacio Fernández, terminó más crispado: «Nosotros no hacemos el Camino de Santiago, ni nos visita el obispo, ni nos reunimos con alcaldes mineros, ni somos súbditos de Vitorino y Viloria. Vámonos para casa, humildes, pero importantes, con dos cojones».

Guerra de cifras. Fue un cierre agrio y desilusionado, en el que incluso se llegaron a ver lágrimas, después de una jornada en la que el seguimiento superó las expectativas de los sindicatos. A mediodía, UGT y CC.OO. cifraron en un 73% el porcentaje de trabajadores que había secundado su llamamiento: «más de un 50% en la hostelería, más de un 60% en el comercio, casi el 100% en la siderometalurgia», citaron los secretarios provinciales, quienes apuntaron como «asignatura pendiente las administraciones», donde la huelga no llegó «al 20%», motivado por «unos servicios mínimos abusivos que en la sanidad, por ejemplo, eran del 100%». Mientras, la patronal, con la Federación Leonesa de Empresarios (Fele), se despachaba con una cifra del 7,5% de la población ocupada, lo que suma cerca de 13.000 trabajadores, con un 15% de seguimiento en la industria y la construcción (4.000 y 2.500 trabajadores, respectivamente), un 5% en el sector servicios (6.000 empleados). Cifras contrapuestas en las que las fuerzas sindicales enarbolaban como banderas los cierres de «Kraft, LM, Roldán, Mercadona de Villadangos, DC Wafers y Antibióticos», el logro de dejar salir «sólo 3 de los 26 autobuses» urbanos e interurbanos, y el bajón de trapas de «las grandes superficies, los centros comerciales de Espacio León y León Plaza y El Corte Inglés», donde la reapertura de puertas se correspondió con la desaparición de los piquetes.

El análisis de la patronal fue opuesto. Los empresarios resaltaron que «únicamente» se registraron «pequeños incidentes en alguna empresa del sector metalúrgico por la acción de los piquetes, que también consiguieron cerrar pequeños comercios en determinadas zonas céntricas de León», incidieron en que «las grandes superficies y empresas de distribución de productos perecederos desarrollaron su actividad sin ninguna incidencia» y apuntaron que «en las principales localidades de la provincia los niveles de normalidad en la actividad laboral y empresarial fueron todavía mayores». «El escaso seguimiento del paro viene a demostrar la inutilidad, la inoportunidad y la impopularidad de esta huelga y la escasa capacidad de movilización de las centrales sindicales», remató la Fele.

Los autónomos, en el trabajo. La Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA) secundó el análisis de la patronal. «Nueve de cada diez autónomos realizaron su actividad profesional o empresarial y acudieron a su lugar de trabajo a lo largo de la jornada de huelga general», según comunicó el colectivo. «Esta huelga política ha sido inútil, inoportuna y con un escaso seguimiento, excepto la gran industria, y ha vuelto a poner de manifiesto que los autónomos no estamos en estos momentos para una huelga general y no nos podemos permitir el lujo de cerrar nuestro negocio o cesar en nuestras actividades. Felicitamos a los autónomos por la valentía y el gran comportamiento democrático que han demostrado», subrayó ATA.

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