Los 5 minutos de oro de El Corte Inglés
Los cierres, sobre todo en las grandes superficies, fueron testimoniales

El cartel del suelo lo advertía (Visto y no visto), pero los sindicatos festejaron el cierre.
El cartel del suelo podría ser una burla, pero fue una coincidencia. El cierre -"«por primera vez», como alabaron los líderes de UGT y CC.OO. en la provincia-" que los piquetes sindicales consiguieron en El Corte Inglés se resumió en la pegatina que había a los pies de la entrada: «Visto y no visto». Poco más de 5 minutos. El tiempo que tardaron en irse de la única puerta en la que se bajaron las trapas. Una foto de regalo para los piqueteros, a cambio de que no se montara el jaleo de la última vez, como pactaron con los responsables de la gran superficie, quienes esperaban tranquilos en la planta tercera la quedada de las 11.30 horas, a pesar de que los representantes sindicales se habían dispersado para llegar por partes y sin enseñas, de forma sorpresiva.
La mecánica del cierre de El Corte Inglés fue una constante, sobre todo en las grandes superficies y cadenas de supermercados. Alimerka, El Árbol, Día, Mercadona... Todas cerraron al paso del piquete, después de desalojar a los clientes que hacían las compras de la jornada y, al pasar delante de los sindicalistas, se despachaban sin empacho. Se oyeron flores como «vagos», «ir a trabajar», «también hay derecho al trabajo», «vaya democracia» y hasta «hijos de puta», como escupió un comprador a la puerta de Carrefour; otro de los sitios marcados como estratégicos por la dimensión y los precedentes de huelgas generales anteriores. Caminaba la Policía Nacional delante con el anuncio de que llegaba el piquete y que no costaba nada cerrar y luego volver a abrir. «Nos van haciendo el piquete», ironizaban los piqueteros.
Ni siquiera los insultos derivaron en enfrentamientos más que verbales con el piquete, que partió con menos de un centenar de efectivos a las 09.45 horas de Gran Vía de San Marcos y, en su camino de petardos y pitos, cerró comercios y bares por Alcázar de Toledo y Ordoño II: en el Big Ben se le atragantó la tortilla a los que desayunaban; en Zara las dependientas bajaron la trapa a carreras; en el Banco Popular ya salían a la puerta... Cuando llegaron al Caja España de la esquina de Santo Domingo, la Policía Nacional hizo cordón alrededor de un chavalín que, bandera de CGT en ristre, los recibió con gritos de represión y un cigarrín liado, pero sin mezcla, en los labios. La curiosidad no llegó a tensión hasta el inicio de la calle Ancha, donde el dueño de una joyería se plantó en la puerta y se encaró con los sindicalistas, sin más consecuencia que el cruce de insultos y crestas de gallos altas.
Más intensa había sido la actividad de los piquetes de madrugada y las primeras horas del día. En Mercaleón y en la estación de autobuses hubo algún que otro agarrón y contenedores volcados; en el Polígono de Onzonilla, barricadas con palés y ruedas quemadas para cortar el acceso a la primera fase... Pero donde mayor actividad se registró fue en el Barrio Húmedo, donde casi tres centenares de sindicalistas cerraron los pubs. «Dejármelo a mí, que soy especialista en cerrar bares», bromeaba uno de los piqueteros mientras los juerguistas apuraban la última copa de un trago. Delante del Molly Malone, donde había una fiesta de Veterinaria, se acabaron las risas; se cruzaron tortas y la fiesta terminó. «Queremos beber», gritaban los jóvenes a la salida de los locales; lo mismo que corearon otro medio centenar de chavales en la Plaza Mayor. «Queremos trabajar», contestaban los sindicalistas.