Diario de León

«León era una ciudad muy acogedora»

Rajoy dedica en su autobiografía casi un capítulo a su infancia en la capital leonesa, donde pasó 10 años .

Rajoy, el primero por la izquierda, en la plaza de San Isidoro en 1968 con sus hermanos más pequeños, en una foto que aparece en el libro autobiográfico.

Rajoy, el primero por la izquierda, en la plaza de San Isidoro en 1968 con sus hermanos más pequeños, en una foto que aparece en el libro autobiográfico.

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manuel c. cachafeiro | león
León

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«No deja de ser anecdótico que estudiara en León en el mismo colegio en el que unos años después lo hizo José Luis Rodríguez Zapatero». Son palabras de puño y letra de Mariano Rajoy en su libro «En confianza», la autobiografía que acaba de publicar esta semana, donde León es protagonista del primer capítulo, el de su infancia.

Durante los años del efecto Zapatero, el PP también sacó a relucir el pasado leonés de Rajoy, pero no se conocían tantos detalles como los que ahora desvela el candidato popular.

De sus paseos, de sus profesores y de recuerdos, como «el rito» de tomar butano, calamares y patatas fritas en el bar La Viña, en el Cid. «Íbamos toda la familia. Primero a misa, a la iglesia de San Marcelo, luego a tomar el aperitivo y, después a comer a casa».

Y es que, según confiesa también, sus recuerdos comenzaron con cinco años en León. De las Discípulas, donde estudió hasta los diez años, recuerda que «ocupaban un edificio antiguo y de aspecto serio». «León -añade- era una ciudad pequeña, muy acogedora, en la que casi toda la gente se conocía y se saludaba por la calle. Íbamos los hermanos andando juntos por las calles estrechas y las plazas de León para llegar a tiempo a clase. Me gustaba este recorrido, porque desde bastante pronto tuve una especial sensibilidad por la historia, por los grandes hechos del pasado y la vida cotidiana de las gentes, algo que me inculcó mi padre (era juez en León), quien siempre ha sido una apasionado de la historia». El libro tiene una indudable carga política, que deja caer al hilo de recuerdos sobre su educación, su familia o su trayectoria política. Y así, junto al recuerdo de que en el colegio jugaba habitualmente al fútbol y, más tarde, al baloncesto por su altura, dice: «Quizás los métodos pedagógicos no fueran los más avanzados del mundo, pero reinaba el buen sentido de que la educación tiene que ver con obtener lo mejor de cada uno. Y eso, al igual que en la mayoría de las cosas importantes de la vida, como en el caso de un árbol que se planta, necesita un esfuerzo continuado, constancia para que las raíces consigan poco a poco vencer la resistencia del medio, del terreno en el que tienen que crecer y desarrollarse».

De León, también recuerda a los diez años su examen de ingreso en el instituto. «Yo estaba bastante nervioso y preocupado, como los demás. Aquello me costó, pero fue muy formativo».

El Bachillerato, también lo empezó en León, en los Jesuitas. «Allí, junto al sentido del mérito y la preserverancia, aprendí también a reflexionar, a pensar equilibradamente en los pros y los contras. Los jesuítas eran gente muy dedicada a la enseñanza». En total, fueron diez años, de los 5 a los 15.

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