Diario de León

La sensación de sentirse pagador

El plan de ajuste asienta la gestión del alcalde más votado de la historia .

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l. urdiales | redacción
León

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A Emilio Gutiérrez le sobrevino una mayoría absoluta inédita, igual que un folio en blanco para acometer el mayor periodo de reformas al que se sometió jamás el Ayuntamiento de la ciudad. Esa vocación reformista se anunció como lucero de gestión hace un año, cuando el alcalde pasó por la investidura y prometió ser austero, riguroso y responsable. Y reformista.

La austeridad viste a Gutiérrez en sus primeros doce meses al frente del consistorio leonés, con muestras de recato tan exageradas que desde la oposición, a veces, no han dudado en criticar como brindis al sol o pases para la galería. El alcalde del PP liquidó el coche oficial, una berlina, redujo las comisiones informativas, quemó nóminas dedicadas a personal de confianza y metió la tijera en las líneas de teléfono. Se congeló el gasto y se abrió la caja. La segunda nota de la gestión municipal en León es el regreso de loa acreedores a la ventanilla. A finales de mayo, después de un plan de ajuste que avala la entrada en el crédito ICO, se liquidaron diez mil facturas pendientes, heredadas de tiempos pretéritos y de una deuda de 160 millones de euros.

Una parte del debe del Ayuntamiento de León queda en alero y la casa municipal pena con 437 millones de deuda, según una auditoría externa que se contrató para evaluar el estado de las entrañas del edificio que heredó el PP con sus quince concejales el 11 de junio del 2011. En la efeméride de ese aniversario se añade al balance otra de las consecuencias del arrastre de los números rojos. El plan de ajuste pasa por la plantilla, con más de 1.600 empleados, que merma por momentos. Con la nómina de mayo ya se fue un centenar, dentro de un recorte que tras un pacto con los sindicatos ha reducido a 201 los damnificados por los despidos. Emilio Gutiérrez reconoce que no hay otra cuestión que le duela tanto por lo que repercute para una familia la pérdida del empleo en uno de sus miembros.

La gestión camina por un estatus elevado, distinto al que le correspondía aquellas semanas del verano pasado, cuando se dedicó a deshacer lo que habían dejado firmado los socialistas y los leonesistas: un desengaño para los que se creyeron que Gutiérrez, con hechuras de tímido y desconocido, no se iba a atrever a levantar el cerrojo de Fernández Ladreda, la esquina del parque Pocoyó en el borde del asfalto de Papalaguinda o de devolver el Rastro dominical al casco urbano de la ciudad.

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