El puente se abre a medias

El paso de los Maristas se reabre con tan sólo un carril en dirección al Espolón en espera de que antes de final de mes se pueda restablecer por completo el tráfico.

La acera del lado de los Maristas se abrirá el viernes, mientras que los otros dos carriles deberán esperar dos semanas.

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a. caballero | león
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A medias, el puente de los Maristas quedó de nuevo abierto ayer pocos minutos después de las 08.00 horas. Un funcionamiento que se restringe por ahora a un único carril, en dirección a la plaza del Espolón, a la espera de que antes de final de mes se terminen los trabajos de adecuación de la rampa y el portón del colegio. Dos requisitos con los que se entiende garantizada la seguridad de los alumnos del centro escolar y la posibilidad de restaurar por completo la circulación. Tráfico que ayer apenas se desatascó y repitió las colas a la hora de entrada y salida del colegio con los coches aparcados en el espacio de un carril.

El estreno deja además pendiente para el viernes la apertura de la acera que pasa junto al colegio de los Maristas, donde todavía faltan remates. Detalles que se ultimarán también para que dentro de una semana y media, según calcula la concejala de Urbanismo del Ayuntamiento, Belén Martín-Granizo, se pueda cortar ahora de forma temporal el viaducto por el que se desahoga el tráfico desde Álvaro López Núñez hacia Ramón y Cajal. Un paso que se abrió en precario el 16 de julio para poder tirar el viejo puente, aunque sin terminar de colocar las barandillas de protección lateral, ni ejecutar el adoquinado de la acera que se espera tener listos en dos semanas de trabajos.

El corte del viaducto afectará tan sólo a los vehículos y dejará un pasillo para los peatones. Circulación necesaria mientras se terminan de hacer las nuevas escalerillas de comunicación entre Ramón y Cajal y Álvaro López Núñez, que llevan paralizadas más de una semana a la espera de definir la subida en forma de L.

El cambio de imagen afecta por completo a la configuración del puente, ejecutado con una losa en vertical, para dejar hueco suficiente por el que pasen una doble vía del ferrocarril y un paseo peatonal, y rematada con unas barandillas metálicas. Nada que ver con la antigua estructura que sobrevivió casi un siglo, en forma de arco construido con ladrillos y rematado con una baranda de piedra silicera en la que afiló la navaja toda la ciudad. Piedras que el Ayuntamiento mantiene guardadas para colocarlas en el cercano parque de San Mamés, según los pronósticos iniciales de la Concejalía de Urbanismo.

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