Diario de León

El oro es un buen negocio

La subasta de Caja España-Duero recaudó 112.500 euros pese a que no se vendieron. . d. os de los lotes más altos, entre ellos la joya de la tarde, un broche de 12.000 euros.

Momento de la subasta de joyas de Caja España-Duero celebrada ayer en León, en el salón de Santa Nonia.

Momento de la subasta de joyas de Caja España-Duero celebrada ayer en León, en el salón de Santa Nonia.

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manuel c. cachafeiro | león
León

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«Y vamos con el lote número 69. Una joya para toda la vida. Broche de platino, con un brillante de 2,80 quilates y un adorno de diamantes. Precio de salida: 12.000 euros». El silencio se adueñó del salón de Santa Nonia. Pese a las pausas del subastador para que alguien se animara, y el recordatorio de que su compra sólo tributaba el 5% del impuesto de transmisiones patrimoniales, nadie pujó por el lote más caro de la tarde. Fue la excepción, en una subasta con un total de 81 lotes y 102.000 euros de salida.

Pese a la crisis, o precisamente porque la crisis ha incentivado el mercado del oro, la subasta de Caja España-Duero tuvo ayer buen ambiente y subastas interesantes. Así, la tarde acabó con 76 lotes adjudicados por un montante final de 112.510 euros y un 30% de media en las pujas. Los 10.000 euros de ganancias serán para los antiguos propietarios de las piezas que en su día se empeñaron en el Monte de Piedad y no se renovaron.

Diez minutos antes, el hall de Santa Nonia se fue llenando de personas de todo tipo. Gente mayor, profesionales del sector del oro, mujeres de mediana edad con ganas de llevarse una buena joya... Pocos saludos, pese a que muchos son ya clásicos de este tipo de subastas, y una respetuosa cola para entrar a la sala. Todos se acreditaban ante los seis profesionales de Caja España-Duero y se llevaban un cartel con un número para pujar. Dentro, ya sentados, la mayoría sacaban un pequeño papel. Y es que, aunque las joyas sólo estaban presentes en una gran pantalla en imágenes, todos las había visto de cerca en Botines en los días previos.

Tres representantes de la Caja se quedaron fuera para controlar el acceso y apuntar el precio de adjudicación y otros tres dentro, entre ellos el subastador, un empleado de la propia Caja con experiencia y buenas dotes para animar el cotarro. Sentado a su lado, otro empleado para apuntar también los lotes. Y al otro lado del escenario, un tercero, denominado mesa, en este caso para trasladar a la sala las pujas previas recogidas por internet, de personas no presentes en la sala.

Pasadas las siete y media de la tarde, dos horas después del inicio, la subasta concluyó. No será la última. Aunque todos los meses se celebran en Internet, la Caja mantiene también presenciales para conservar su sabor, según el responsable del Monte de Piedad, Miguel Ángel Álvarez. Un negocio que mueve al año 12 millones de euros. Más de 16.500 operaciones.

«Me he llevado una buena pieza. El oro nunca pierde valor», señalaba uno de los 70 asistentes. Un buen resumen para una intensa tarde.

Los lotes no adjudicados, entre ellos el broche de 12.000 euros, volverán a salir a subasta.

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