el explorador
vaqueros en naredo de fenar
El Rancho Canadá y sus doce caballos ofrecen múltiples posibilidades de exploración y diversión para toda la familia. Junto a ellos, recibimos una lección magistral de monta y conocimiento de los animales más nobles de la naturaleza.. RANCHO CANADÁ Carretera de la Magdalena S/N 24839, Naredo de Fenar 987 591 587 RUTAS A consultar. Flexibilidad absoluta. LIMITACIONES No se recomienda a menores de 14 años. RECOMENDACIONES Pantalones elásticos y de buen material, sombrero, guantes y crema solar.

POR MOMENTOS La experiencia resulta embriagadora desde el minuto cero. No se necesitan aptitudes específicas para realizar la ruta, aunque sí un mínimo de destreza para realizar la monta. A partir de ahí llega el disfrute. Se recomienda protección solar y
El sol quema a las doce de mediodía en Naredo de Fenar. «Estas horas son para los más principiantes», afirma Jesús García mientras sonríe. «La mejor hora es la madrugada, cuando todo está fresco y puedes ver el amanecer. Para los animales también es lo más adecuado». Jesús tiene animales en el picadero, una de las muchas instalaciones del Rancho Canadá, y es especialista en la doma. El dueño del rancho y negocio familiar, José González, lleva 20 años trabajando en sus instalaciones, con materiales reciclados y propios de la zona. «Todo vino de la ilusión y los sueños infantiles de las películas de vaqueros y pistoleros», confiesa alegremente este hombre, quien, como todos los que residen en Rancho Canadá, viste al estilo tejano. Si a eso se le unen 15 años viviendo en Canadá, el resultado es un trozo del antiguo Oeste enclavado en las mismas montañas de León.
Para realizar las rutas a caballo, lo más importante es la preparación del jinete. La experiencia en sí no es esencial, pero la actitud es fundamental. «No puedes tener miedo, porque los caballos son animales muy sensibles», explica José. «Si no vas seguro, lo sienten y reaccionan ante lo que no conocen», añade. La ropa es también muy importante: pantalones elásticos y fuertes, zapatos cómodos y, que no falte, un sombrero para proteger la cabeza y darle el toque especial a la ruta.
El rancho dispone de doce caballos, muchos de ellos criados en los terrenos de la familia. Son todos de cruce para asegurarse que sean animales de naturaleza dócil. Aunque la preparación del caballo corre a cuenta de los profesionales, tiene también sus tradiciones importantes. Desde el ensillado a la monta debe hacerse por la izquierda para mantener una estandarización en el trato de los animales.
Antes de comenzar la ruta, es necesario aprender y familiarizarse con el equipo. A la hora de montar hacen falta unas aptitudes básicas, como la flexibilidad. «La monta se hace de una vez. Apoya el pie, date un gran impulso y monta en un sólo movimiento, porque no funciona de otro modo», afirma Johny, hijo de José y uno de los trabajadores permanentes en el rancho. La postura debe ser totalmente relajada, porque cualquier tensión puede llevar a grandes molestias en la zona lumbar. Un jinete relajado encuentra más rápido su posición en la silla. Las piernas tienen que ir estiradas y bien apoyadas en los estribos, para encontrar rápidamente el punto de equilibrio. «Sólo los ingleses montan a caballo con las piernas dobladas, aquí nosotros montamos a la americana, como los vaqueros», explica José. Con esta técnica, aunque parezca imposible creerlo, es posible llegar a montar un día entero a caballo sin sentir mayores molestias.
Las riendas son otro elemento fundamental. Los caballos son animales con una memoria excelente y aquellos que han sido criados en Naredo han realizado muchas veces las rutas establecidas. Por eso, el jinete puede confiar en su orientación y dirección. Aunque también hay que tener mano dura con ellos y saber dirigirlos con las riendas, especialmente en aquellos tramos en los que se cruza una carretera con tránsito de coches. se hacen giros o bajadas de gran dificultad.
En la compañía de José, Jesús, Johny y el Arizona , experto en caballos amigo de la familia, se emprende la ruta. Ésta sigue el trayecto de la vía Bardaya, recorrido que comienza en la estación de trenes de Matallana de Torío, y luego rodea la localidad. El trecho se caracteriza por la abundante vegetación local, rodeando el río Torío. Al bordear la localidad de Matallana existe un contraste entre las planicies y llanos a pie de montaña y las casas que poco a poco se van alejando.
Como los trabajadores del rancho son muy conocidos en la localidad, los saludos de coches y paisanos abundan. Así, es fácil sentirse en un mundo de vaqueros, mientras se cabalga rodeado de los expertos. No se deben soltar las riendas, aunque los monitores pueden ir consultando el móvil, recogiendo avellanas, y examinando el estado de la senda. «Es una pena, porque aquí ves que está lleno de escombros y los árboles crecen sin control, pero no nos dejan mejorarlo», explica José. «Podríamos dejarlo mucho mejor».
Los recuerdos del pasado minero de la zona terminan por encuadrar el paseo. Hornos de tejas, depósitos de piedras y los picos rocosos que servían como cantera, dan a la ruta un toque muy especial, muy apropiado para aquellos que buscan ambiente de western.
Existen rutas con mucha más exigencia para aquellos que se quieren sentir como verdaderos jinetes. Éstas incluyen la posibilidad de paelladas, baños en el río y pasar la noche en otra localidad. Los vaqueros del rancho están dispuestos a dar a quien quiera una experiencia difícil de olvidar.
Francisca bravo
leonalsol@diariodeleon,.es