ROBLES DE LA VALCUEVA
La fuerza de La Virgen

Los caballos fueron la espectación de la jornada.
Con el sol en su punto álgido y al son de campanadas, chupinazos y una dulzaina entonando La Peregrina, se inauguró otro año más la tradicional romería de Robles de la Valcueva, que acompaña a la Virgen de Boínas desde la iglesia hasta la ermita. Una pareja de jinetes abrían el camino a un centenar de pendones, representantes de cinco ayuntamientos y diez pueblos, y a unos doscientos asistentes que, al grito de «guapa, guapa, requete guapa» hicieron a pie los dos kilómetros de distancia. Niños, hombre y mujeres fueron turnándose a la Virgen, que avanzaba con su particular balanceo. Señoras repartían estampitas y algunos niños repicaban las campanitas y portaban el ramo de flores que precedía a la talla. Como ejemplo de la devoción que se profesa a esta virgen, el cura, que luego ofició la misa, paró la procesión para colocar debidamente la corona a su Señora.
Una vez en la ermita, comenzó sobre las 13:30, con algo de retraso, la eucaristía. La festividad continuó con el baile de los pendones, el reparto de escabeche y unas 900 raciones de paella. Dulces, bisutería, útiles de mimbre, jabones y alfarería fueron algunos de los artículos que se pudieron encontrar en un mercado falto de las habituales demostraciones de los oficios.
Por la tarde se desarrolló el concurso de bolos y ranas. Más tarde, el centro ecuestre Mirantes realizó su espectáculo por cuarto año consecutivo y los bailes regionales no faltaron a su cita. La última puntada a la cita la dieron el rosario en la ermita y la unción a los enfermos. Como declara el concejal José Ferreiro, «es una fiesta muy tradicional y arraigada que termina con todo el pueblo en convivencia».