Diario de León

24 horas en...

León y sus pedanías

Armunia, Oteruelo y Trobajo del Cerecedo, las pedanías de la capital, luchan por mantener su identidad como pueblos y a sus habitantes. En la ciudad, los barrios están cada vez más poblados. Son el mosaico que componen y dan identidad a León.

Jacinto Rodríguez, de Trobajo del Cerecedo, vive con su hijo y su nuera, que se encargan de las gallinas y conejos.

Jacinto Rodríguez, de Trobajo del Cerecedo, vive con su hijo y su nuera, que se encargan de las gallinas y conejos.

Publicado por
guillermo otero. leonalsol@diariodeleon.es
León

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El Ayuntamiento de León gestiona barrios y pedanías. La ciudad es organismo vivo que crece. Sus barrios son muy diferentes, cada uno tiene su espíritu. Distinto carácter, problemas y virtudes. Las fronteras entre algunos de ellos son invisibles para los ojos profanos. Las pedanías han sido absorbidas por el crecimiento de la urbe, pero se niegan a perder su identidad rural. León al sol les dedica su último 24 horas.

12.00 Caminando por la cuesta de Armunia se aprecian dos partes muy diferenciadas. La zona más baja, nueva, y la parte alta, de casas antiguas. Constantino Yankof es macedonio y Bousselam Hassas marroquí. Son vecinos y viven en el pueblo desde hace 8 y 10 años, respectivamente. Están arreglando la furgoneta con la que buscan chatarra para alimentar a sus familias. Aseguran que cada día es más dificil. Agustín Muelas también vive en Armunia desde hace 47 años, va hacia el Hospital por una contractura en la espalda. Comenta que el pueblo ha cambiado muy poco aunque se queja del abandono de la zona antigua. «La gente está regresando al pueblo a causa de la crisis». Elena García es la conserje de la Casa de la Cultura. En ella se hacen más de 20 actividades, desde yoga hasta clases de apoyo escolar. «En invierno viene mucha gente, pero faltan jóvenes». En la plaza de la Iglesia está Antonio Borja llenando garrafas en la fuente. Vivía en Armunia y aprecia tanto su agua que se acerca dos veces a la semana para abastecer a sus seis hijos y siete nietos. «Ha cambiado a mejor. Han hecho el centro médico, el campo de tiro...», apunta al respecto.

13.00 Oteruelo es la siguiente pedanía. Aunque escondida, en unas pocas calles se concentra mucha vida. Lucas y Josefa Díez comparten apellido y banco. Él nació ahí, ella es de Montejos y vino con su marido. Muchos días se acercan a este lugar para tomar el aire y pasar el rato. Creen que habría que arreglar la carretera de la cuesta y se quejan de que donde antes había una pradera ahora hay escombros. «Pertenecemos a León para pagar», declaran. Daniel García, Judith Sánchez, y Lucía y Sonia Díez juegan a pillar o al escondite. Menos Judith, todos viven en Oteruelo. Comentan que hay siete u ocho niños en todo el pueblo. Cerca de la plaza central, Manuela Lozano riega sus plantas. Al lado, Isabel vende frutas en la plaza del pueblo. Atiende a María Antonia , quien asegura estar contenta de no tener que bajar a León para comprar unos tomates.

14.00 En Trobajo del Cerecedo la marcha está en el bar de la Casa de Cultura. Lo regenta Alejandro Fidalgo desde hace cinco años. «La vida aquí sigue igual, no ha cambiado mucho». Federico Fidalgo es el presidente de la Junta Vecinal, comenta que quieren mantener su identidad de pueblo: «No somos un barrio de León». Kiko vive en Trobajo desde hace 60 años, Gelín es de toda la vida. Ambos vienen de hacer la compra. Todos los días, después de comer, van a echar la partida. «Nos encanta vivir aquí, cerca de la capital, pero mejor». Ángel Giménez es de Mansilla pero hace ocho años se traslado a la villa. Vive con su hijo de 19 años. Harto de ver su casa rodeada de escombros ahora, en su lugar, ha y una huerta. «Me dio rabia y lo limpié», explica al respecto.

15.00 De vuelta a León, en la carretera Vilecha, Anastasio Suárez riega su huerto urbano, al que acude una vez a la semana. Le acompaña la yegua Triana. «La domaré el año que viene», promete. El Crucero es un mosaico de nacionalidades. Aquí conviven multitud de razas y religiones. Esta característica no es del agrado de todos. Mtokhtar Ghazale llegó hace ocho años de Marruecos directo al barrio. Regenta el locutorio Sara y asegura que el consumo ha bajado un 60% . «El Crucero ha cambiado, la gente está menos contenta». Para Senén González , el Crucero, su barrio desde hace 43 años, ha desmejorado mucho. Cree que hay mucha delincuencia y demasiada inmigración. «Ha pasado de ser el barrio más rico al más pobre». Vicente de la Fuente va a comprar el pan. Vende cupones por la zona desde hace siete años. Esta de acuerdo con Senen en que hay demasiados extranjeros.

17.00 «El Ejido era un barrio con mucha vida hasta que cerraron la calle Ancha, ahora ha cerrado el cine, el Tropicana y hasta el Inem», comenta María Teresa Gómez , quien lleva su bar, desde hace 24 años, en el alma del barrio, la calle José María Fernández. Jesús Fernández Rojo está merendando en un parque, «como todos los días desde que no tengo trabajo», comenta. Siempre tuvo su casa en el Ejido, pero ahora duerme en un cajero. Diego Álvarez y Alba Blanco han bajado de casa al kiosco. Creen que ahora hay más «líos» y menos niños jugando. «Antes había muchos negocios, ahora sólo peluquerías y fruterías».

18.00 En las calles de la Serna está María Luisa con su nieto Sergio y Maite y su hijo Álvaro . Todos los días bajan al parque. «El barrio ha cambiado mucho, está precioso. Antes había vacas y ahora hay zonas verdes para los chicos», comenta María Luisa. En los numerosos parques del nuevo barrio de la Palomera se realizan innumerables actividades. En las mesas del parque de la Palomera decenas de vecinos juegan a la brisca. Emilio Yugueros vive en San Sebastián, pero es de Boñar. Disfruta del clima leonés tomando el sol en el banco frente a las piscinas «todos los días».

19.00 En San Mamés viven 30.000 personas, declara Jaime García , secretario de la asociación de vecinos. Al igual que Lucía Ernesto, bajan a diario con su hijos a los columpios del parque Sancho Ordoñez. Y también hay sitio para los bolos. Gonzalo, Antonio y Gerardo se acercan todos las jornadas a ver jugar a sus amigos. «A veces se juntan más de cien personas». En el parque de Santo Tirso, en Santa Ana, José Luis pasea a Bongo. «Antes en la calle Reino de León había soportales donde jugaba de niño. En su lugar han construido bloques de edificios», se queja.

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