Contra el delito en el supuesto de que seas mujer
La performance contra la ley del aborto de Gallardón aglutina a más de 350 personas.
Las activistas cuelgan pancartas sobre el pecho al viejo estilo de las sufragistas y dibujan con sus manos el triángulo de la lucha feminista.
—Al final, ¿en qué supuesto es delito abortar?
—En el supuesto de que seas mujer.
La conversación transcurre en una viñeta con fondo violeta. Es la pancarta que cuelga una joven maragata que ayer participó en la perfomance itinerante por las calles de León en defensa del derecho al aborto libre y gratuito.
La muchacha va amordazada. Habla pero no se la entiende. Las activistas se han puesto un esparadrapo en la boca para visualizar el papel en el que deja a las mujeres la ley Gallardón con la que el Gobierno anuncia que quiere proteger los derechos de los no nacidos.
La performance toma forma de manifestación. Una extraña procesión que la víspera de Nochebuena discurre por las aceras, desde la plaza de Guzmán hasta la plaza de la Inmaculada. «Ni con Franco iba yo por la acera», grita indignada una de las manifestantes, otrora locutora de radio.
La Plataforma por el Derecho al Aborto de León —Stecyl, Prometeo, Astorga Plataforma Ciudadana por la Igualdad, Aispaz, Flora Tristán, Comisiones Obreras, PSL-PSOE, Asociación Simone de Beauvoir, Adavas, Izquierda Unida León y Asociación Mujer y Revolución— está sorprendida por la respuesta. «Habíamos pedido autorización para la performance y dijimos que seríamos unas 20-25 personas», explica Encina Gutiérrez, de Simone de Beauvoir. La policía cuenta, al final del recorrido, 350 personas.
Mujeres y hombres de todas las edades, en algún caso padres acompañados de sus hijos. Feministas militantes, leonesistas y gente sin adscripción política. Algunos se sorprenden de volver a una manifestación después de años. Históricas y jovencísimas que gritan: «Mi cuerpo es mío y yo decido». Luci y Lucía se muestran «totalmente en contra de la ley Gallardón» y denuncian «la doble moralidad de un Gobierno que restringe ciertos derechos mientras recorta en dependencia». «Es el primer aviso», advierten.
Olga Castrillo, veterinaria y veterana feminista, salió a la calle por primera vez a defender el derecho al aborto después de la muerte de Franco. Flora Tristán, la asociación de la que es cofundadora, tenía su sede aún en el CCAN, en la Casona de Puerta Castillo.
Peina canas y no ha abandonado la lucha violeta ni un solo día. Ayer repartía folletos para reclamar «ni un paso atrás en los derechos sexuales y reproductivos». Ve la parte positiva de la manifestación de acera: «Para dar folletos es mejor porque por la acera es por donde pasa la gente. He repartido unos 200 y el 98% lo recogen están de acuerdo», comenta mientras por la megafonía, que acompaña tan poco como el tiempo, se escuchan los riesgos que entraña el aborto clandestino: «Hemorragias, infecciones, envenenamientos... muertes».
Una mujer maniatada alza sus brazos ante dos hombres que pasan por la acera. Intentan escabullirse de la visión de esas cuerdas que para las activistas simboliza las ataduras y el peregrinaje a que se somete a las mujeres con el proyecto de ley del aborto de Gallardón, que dio a luz el Consejo de Ministros bajo la presidencia de Soraya Saenz de Santamaría.
«Gallardón, dimisión», reza el cartel, negro sobre blanco y violeta, que lleva colgado al cuello la procuradora socialista Teresa Gutiérrez. Mientras los coros de la performance repiten «aborto libre aquí, ni en Londres ni en París», Eloina Terrón, concejala de IU en San Andrés, apunta que «de otras peores hemos salido».