Rafael Beaus representante de black toro capital
«Antibióticos lo que necesita son 250 trabajadores en cinco turnos»
El juez que tutela el concurso de acreedores de Antibióticos dará a conocer hoy las ofertas de compra sobre la farmacéutica ante la Administración Concursal, los representantes de los trabajadores y los acreedores personados en el proceso. Gadea y Black Toro Capital, dos universos empresariales rotundamente diferentes, aspiran a quedarse con una industria paralizada hace dos años y responsable del futuro de sus 250 empleados, hoy amenazados por un ERE extintivo. Los máximos responsables de cada grupo han accedido a ser entrevistados por este periódico y abundar en sus compromisos con Antibióticos en el horizonte de tres años. Gadea quiere Antibióticos para producir en León los denominados intermedios esteroideos que ahora importa de EE UU y China, ofrece 189 empleos definitivos, I+D+i, una inyección de 29 millones de euros —17 son para inversiones en activos reales— y la garantía de continuidad con un plan de negocio hasta 2020. El grupo capitalista Black Toro pretende invertir 25 millones de euros para reflotar la fábrica, con 250 trabajadores. Su intención es producir amoxicilina en grandes cantidades, justamente una idea totalmente descartada por Gadea, que se lanza a novedosos productos. Pese a ser un fondo de inversión, Black Toro ofrece estabilidad. Ambos grupos validarían la fábrica y empezarían a producir de inmediato.

Rafael Beaus ha trabajado en Sandoz, DSM y Deretil.
—¿Cuáles son los detalles de su oferta?
—La fábrica lleva parada dos años. Evidentemente, ponerla en marcha, apretar el botón, no es fácil. Hay que revisar todas las instalaciones, en el sector farmacéutico hay unas validaciones que hay que volver a renovar para saber que los procesos funcionan y todo eso lleva tiempo. Otra cosa es el mercado. El tiempo de puesta en marcha de fábrica es uno y el del mercado es otro. Hay que validar que el proceso sigue la misma pauta que tenía, y eso lleva entre seis y ocho meses. Estos plazos nos han obligado a planear un proyecto dividido en varias fases: la primera se pone en marcha a los seis meses, la segunda al año y la definitiva, al año y medio. El personal que tiene que llevar esas instalaciones, por tanto, sólo podrá trabajar cuando estén listas.
—Ustedes hablan de una inversión de 25 millones de euros, de los que reservan cinco para capital circulante, trece para pérdidas y siete para inversiones reales. Con estos datos, ¿cuál sería su cifra de negocio?
—No me hace mucha gracia hablar de cifras, no queremos hacerlo al detalle. La capacidad total son unas 1.700 toneladas de producto de semisíntesis, que multiplicado por 8.000 da millones y millones de dosis.
—¿Y en millones de euros?
—Me pregunta un detalle que preferiría no decir. Pero hasta el tercer año no podremos cubrir los gastos que tenemos, para orientar su conclusión.
—Su oferta va encaminada a la producción de Amoxicilina, que es el producto tradicional de Antibióticos...
—Va encaminada a hacer aquello para lo que fue construida, con productos de ahora, pero siempre derivados penicilánicos. A cualquier persona con fiebre le recetan una cajita de amoxicilina que contiene ocho cápsulas de dos o cuatro gramos. Imagínese lo que son cuatro gramos cuando la fábrica de Antibióticos puede producir 1.500 toneladas, que son un millón y medio de kilos y, en definitiva, millones de unidades. Para poder colocar esos millones de dosis la fábrica en su conjunto está diseñada para productos muy básicos, no puedes hacer cosas muy sofisticadas. Y para ponerla en marcha hay que ir a productos de gran consumo, que son los derivados de penicilina.
—¿Cuál es el interés que puede tener un grupo capitalista por Antibióticos?
—En estos momentos empieza a haber una demanda importante porque las fábricas de penicilina son caras y complicadas de tener en marcha, por lo que llega un momento que se saturan y tiene que haber otra oferta de mercado. Estamos empezando el punto de la saturación y ya se han cubierto las necesidades de este mercado. Aquí en Europa a veces nos olvidamos de que existen 3.000 millones de personas que no han tenido acceso a los Antibióticos todavía y están empezando a acceder día a día.
—Los compromisos que adquirieron con la Fundación Anclaje en su día no son exactamente los mismos que se incluyen en su oferta. Por ejemplo, entonces se hablaba de asumir la deuda salarial pendiente y de un plazo de dos años para reactivar Antibióticos.
—Nosotros mantenemos el proyecto que presentamos a la Fundación Anclaje, no cambia nada en cuanto a que las tres fases ya estaban previstas y a los tiempos. Todo el mundo sabe, y los trabajadores también, que para poner en marcha la fermentación, la semisíntesis y los productos finales hace falta un determinado número de personas trabajando a cinco turnos y eso es toda la planta en funcionamiento, con 250 trabajadores como mínimo. Esos números no nos los hemos inventado nosotros. Al margen de eso hay otras instalaciones pequeñas que no se han considerado en este plan porque consideramos poner en marcha productos nuevos que tardarán tiempos largos. Pero lo que son productos básicos obligan a ese personal y en esos plazos. Estamos hablando de un nuevo Antibióticos y en él se va a fabricar utilizando la maquinaria que había, con inversiones y reparaciones que no se habían hecho en los últimos años.
—¿Qué puede ofrecer Black Toro que no pueda Gadea?
—No puedo juzgar la oferta de Gadea, pero lo que quiere es utilizar alguna de la maquinaria para producir algo que no tiene nada que ver con la penicilina, y esta fábrica está diseñada para producir penicilánicos. En cambio, nosotros vamos a hacer lo mismo que se hacía antes, básicamente. Todo está basado en la penicilina.
—En su propuesta no aparecen planes de investigación y desarrollo, ¿los tienen?
—Desde el principio hay investigación y desarrollo porque estos derivados nuevos de la penicilina necesitan un tiempo; para llegar al mercado tardan casi cuatro años. Pero desde el primer día hay diez personas para I+D.
—¿Cuándo estarían en condiciones de sacar el primer lote de productos al mercado?
—Los primeros kilos industriales de semisíntesis podrían salir a los doce meses, pero desde el primer día que se ponga en marcha la planta hasta los primeros seis meses se trabajará con pequeñas cantidades para ver que el proceso y la fabricación siguen siendo consistentes. Pero la parte verdaderamente industrial podríamos hablar de un año y medio.
—¿Qué es lo mejor y lo peor de la oferta de Gadea respecto a la suya?
—Es un grupo que admiro y es muy válido. Siempre ha sido un grupo emprendedor, así que seguro que lo haría bien. El único tema que estamos hablando son los tiempos de puesta en marcha de productos en el mercado, que son similares para todos. Nosotros queremos hacer muchas toneladas de un producto clásico, pero con categoría. Para mí las dos opciones son válidas, pero la nuestra es para un gran tonelaje y, por lo tanto, para una empresa del tamaño considerable que tiene Antibióticos.
—¿Qué es Black Toro? ¿Quiénes lo integran?
—Black Toro Capital es un grupo de inversores que busca liquidez en sus inversiones. Lo que da cierta tranquilidad es que van a poner mucho dinero en conjunto, y todo eso lo van a hacer sabiendo que en cuatro años no van a tener ningún retorno. Tienen ilusión y esperanza y van a poner dinero para ganar dinero. Es un grupo puramente capitalista que busca la continuidad para la empresa. Eso nos tiene que generar a todos tranquilidad.
—¿Qué opina de Danielle Pucci y de su gestión en Antibióticos? ¿Cree que la actual situación de la farmacéutica responde a la administración de los últimos años?
—No le conozco de nada, sólo lo que he visto en la prensa y en vídeos, y no parece muy reconfortante. Yo diría que no ha adaptado Antibióticos al mercado en el momento que tenía que hacerlo.