Diario de León

«pOr encima solo estaba el cielo»

El montañero leonés Octavio Álvarez García ascendió el pasado 14 de junio a Peña Ubiña junto con cinco compañeros al igual que ha hecho en muchas otras ocasiones. Pero en esta ocasión decidió hacerlo en plena madrugada para contemplar la salida del sol en la cima

Octavio Álvarez y sus compañeros Maite, Rosi, Lourdes, Pablo y Manuel afrontan la primera ascensión nocturna que se realiza a la cima de Peña Ubiña.

Octavio Álvarez y sus compañeros Maite, Rosi, Lourdes, Pablo y Manuel afrontan la primera ascensión nocturna que se realiza a la cima de Peña Ubiña.

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

Peña Ubiña, con sus 2.417 metros, es un clásico entre las rutas de montaña existentes en los límites entre Asturias y León y por supuesto es de sobra conocida por todo escalador de la zona que se precie. Para aquellos que tal vez no hayan oído hablar de ella se encuentra en el valle de San Emiliano, en concreto en la comarca de Babia y a sus pies se sitúan pueblos como Torrebarrio o Pinos.

Octavio Álvarez García, un montañero leonés de 53 años que ha vivido toda su vida a los pies de esta cumbre a la que ha ascendido en más de doscientas ocasiones se planteó un nuevo reto. Decidió intentarlo una vez más aunque con un pequeño cambio, realizarlo en la oscuridad de la noche. Fue en junio, en la madrugada del día 14, cuando se propuso acometer esta aventura. «La idea fue sencilla y ya venía de atrás. Simplemente comentamos que íbamos a subir con el objetivo de ver amanecer en la cima».

En este caso Octavio junto a sus cinco acompañantes Maite, Rosi, Lourdes, Pablo y Manuel escogieron una de las más de veinte vías por las que se puede avanzar en la aproximación a la cima y partieron de Pinos a las dos de la mañana. «Este pueblo es siempre nuestro punto de arranque. Es la ruta más bonita. Ves una pared vertical que puede intimidar pero en el momento en el que te vas acercando es preciosa». Era una noche en la que la luna se encontraba en todo su esplendor lo que les permitió orientarse con un poco más de seguridad en la oscuridad, con el objetivo de hacer cima antes del amanecer. «Lo teníamos todo preparado y esperábamos dedicar entre cuatro y cuatro horas y cuarto», pero parece que tenían prisa porque a las cinco y media de la mañana ya estaban en lo más alto de la montaña. Sus pasos fueron ligeros ya que al final emplearon un tiempo inferior al esperado. «Cuando se va con varias personas hay que adaptarse al ritmo del grupo, en otras ocasiones solíamos parar mucho para sacar fotos. Esta vez no ha sido el caso».

Aunque no todo fue coser y cantar ya que por el camino todavía quedaban algunos retazos del manto blanco con el que están cubiertas las cumbres durante tantos meses. «Es la montaña más alta que tenemos en Babia y tiene su dificultad», aún más sin el amparo de la claridad del día. «En uno de los canales por los que debíamos pasar tuvimos que ir adivinando el paso a causa de la nieve. Ya teníamos en mente estas condiciones y fuimos provistos de crampones y piolets», comenta Octavio.

El sol, ajeno a sus preocupaciones, se hizo esperar todavía cerca de cuarenta minutos dejándolos solos ante el fuerte viento que se había desatado. «El frío era terrible, queríamos hacer una foto de grupo pero fue imposible debido al aire, la cámara no se estaba quieta y siempre terminaba en el suelo», recuerda.

Atrás quedan las huellas y el esfuerzo de la subida pues una vez que se está en la cima y comienza a amanecer el paisaje te deja sin respiración. La visión cambia por completo y en apenas unos minutos se dejan de observar las luces de las ciudades. «León, la zona de Babia, Astorga, Villadangos e incluso parte de Asturias. Infinidad de pueblos, casi se ve más en la oscuridad que de día como consecuencia de la polución que enturbia las magníficas vistas», apunta el montañero

Sin lugar a dudas esta hazaña es algo por lo que merece la pena pasar según estos aventureros. «Queríamos vivir una experiencia fuera de la normalidad. No conozco a nadie que lo hubiese hecho de noche, no es lo más habitual. Estábamos casi a la misma altura del sol, por encima de nosotros solo estaba el cielo», declara Octavio. «Ha sido una noche para enmarcar».

Parecía que no habían tenido suficiente con la caminata que dejaban atrás y que el cansancio no hacía mella en ellos pues decidieron ascender a Peña Ubiña Pequeña, aunque ahora solo cuatro fueron los valientes. «En total recorrimos dieciséis kilómetros y medio con un desnivel acumulado de 3.310 metros en unas once horas y media».

Álvarez es incansable y ya planea emprender nuevas aventuras. «Una de las cosas a las que le llevo dando vueltas desde hace ya unos años es subir a Peña Ubiña en Noche Vieja y ver amanecer el nuevo año arriba». Esta es una montaña que se puede escalar durante todo el año. «En 2012 se me ocurrió intentarlo todos los meses aunque en una de las ocasiones tuve que dar la vuelta por las condiciones climatológicas pero en julio lo hice dos veces».

La cosa no queda ahí y es que parece que le ha cogido el gustillo a esto de escalar a la luz de la luna. «A los grandes picos se asciende de noche y este no iba a ser menos. Tenemos pensado subir otra vez en la oscuridad, lo más probable es que sea por la zona de Babia».

Otro sitio que les gustaría afrontar en estas condiciones es Peña Rueda, localizado por detrás de Ubiña.

«La aproximación la haríamos desde Babia. Es una de esas cosas a las que le tenemos ganas ya que la hemos hecho muchas veces de día», comenta emocionado Octavio.

sandra alija

tracking