Tradiciones que resurgen de sus cenizas El contexto
El Museo Etnográfico de León ha logrado recuperar costumbres tan arraigadas como el rito de tinieblas.
La recuperación del rito de tinieblas correspondiente al año 2013.
El rito de tinieblas les suena, y mucho, a nuestros mayores del medio rural, pues se practicó de manera común a la totalidad de la comunidad cristiana hasta el último tercio del siglo XX. Eso sí, fue paulatinamente desapareciendo de la liturgia relacionada con la Pasión de Cristo así como de la memoria colectiva, perdiéndose con ello no solo una manifestación popular y su significado sino también la justificación de un contexto en el que adquirían carta de naturaleza algunos elementos relacionados con estos oficios, destacando entre ellos aquellas matracas, carracas, tejoletas o tabletas que con tanta nostalgia se recuerdan en las comarcas leonesas.
En el año 2010, el Ayuntamiento de Mansilla de las Mulas conjuntamente con las cofradías y hermandades mansillesas, el Coro de Santa María, la Banda de Música Municipal y su cura párroco, así como diversas asociaciones culturales de la villa, se unieron para desarrollar una acción promovida por el Museo Etnográfico de León dentro de un completo programa íntimamente relacionado con la puesta en valor de una de las manifestaciones más desconocidas dentro del patrimonio etnográfico religioso popular de la Semana Santa leonesa en sus vertientes tanto material como intangible.
Como conclusión y como voluntad expresa de los participantes mansilleses, a la vista del fondo, forma, contenido y resultados obtenidos en la primera revitalización cultural del rito de tinieblas, la totalidad de los grupos integrantes expresaron su voluntad de continuidad, lo que se ha traducido en su celebración durante los siguientes años 2011, 2012, 2013 y 2014 con la segunda, tercera, cuarta y quinta ediciones.
Y en concreto, en este 2015, el Museo Etnográfico con sede en Mansilla de las Mulas, dependiente de la Diputación de León, se propuso cuanto menos el conocimiento y la explicación de una manifestación social desde una perspectiva exclusivamente cultural para su conocimiento por parte de aquellas generaciones que ya no han podido participar de éste.
El ánimo despertado en todos los colectivos participantes, así como en otros que se sumaron a la iniciativa, unido al reconocimiento y apoyo de la localidad mansillesa, hicieron que este año, el pasado día 28 de marzo, el acto no solo consistiese en una explicación de la manifestación en el Museo Etnográfico sino en una auténtica revitalización ya en su marco y contexto originario: en el interior del templo de la iglesia de Santa María en Mansilla de las Mulas, y su integración con los salmos y misereres posteriores a las lecturas de la Pasión y por lo tanto la reintegración del ‘Oficio de Tinieblas¡, participando tanto los representantes eclesiásticos, civiles, religiosos y culturales así como de toda la comunidad.
Liturgia del rito
Para la Iglesia cristiana, las ‘tinieblas’ se correspondían con un periodo concreto y específico dentro de la Semana Santa, que duraba desde el Viernes de Dolores hasta el Domingo de Resurrección. Pero la manifestación específica del rito consistía en el ‘Oficio de Tinieblas’, que se desarrollaba el Viernes Santo y coincidía con las lecturas de la Pasión referidas al momento justo en que Jesucristo en la cruz expelía el último aliento y moría.
Descripción del rito.
En dicho momento se cantaban los salmos del miserere, en un normal número de trece, y que habitualmente eran acompañados de un apagado progresivo de cirios, bien individualizados o bien formando parte de un ‘tenebrario’ para finalizar con el último de los salmos y apagado del último de los cirios o ‘Vela María’, que daba paso a un apagado general de la iluminación de la iglesia y un repique y estruendo de matracas y carracas de madera, puesto que se introducía una limitación relacionada con el luto cristiano, la prohibición de que sonaran ‘metales’ mientras durara la muerte y el luto por el Mesías.
Historia del rito
A mediados de la década de los sesenta del siglo XX, la celebración del Concilio Vaticano II afectó profundamente a diversas manifestaciones ancestrales de la liturgia católica. Una de las más significativas fue el recomendado desuso del ‘Oficio de Tinieblas’, acto de gran teatralidad, y ese abandono arrastró con él el olvido de sus instrumentos idiófonos protagonistas: las matracas y las carracas, perdiéndose su significado, contexto y uso.