EL DRAMA DE LOS REFUGIADOS
Asilo sirio en el campus
La Universidad está en trámites para que una joven refugiada pueda continuar en León sus estudios sin pagar la matrícula
La joven siria posa sin mostrar su rostro en uno de los espacios de la Universidad
Tiene 25 años, pero su historia ya es muy intensa, tanto, como sus ganas de estudiar y de continuar la vida universitaria que inició en Siria, antes de la guerra. Algunos de sus compañeros de clase en aquel país han sido asesinados, ella misma tuvo que ocultar bajo una mesa a un amigo perseguido, ha sentido el miedo y el sufrimiento de la guerra en primera persona y relata que tras abandonar todos los países en los que ha estado inicia un proceso de muerte y renacimiento para poder enfrentarse a una nueva vida. Ella es refugiada en Siria, de origen iraquí, y su familia abandonó en bloque el país, pendientes ahora de hacerse un hueco en Europa.
En la Arab Internacional University de Daraa, al sur de Siria, inició sus estudios de Arquitectura. Cursó sólo dos años, pero a pesar de todo lo que ha vivido, ella quiere continuar. Tras entrar a Europa por España, se trasladó a Finlandia con su familia. Allí ya tenía plaza en una universidad, pero tuvo que ser ingresada y operada hasta cinco veces, lo que le impidió llegar a las aulas. Ahora, en León, tras la aplicación del tratado de Dublín, ella misma acudió a la Universidad para ver de qué manera podría retomar sus estudios, tras ser rechazada en varias facultades de Arquitectura próximas. Tuvo la suerte de encontrar como traductor al director de la Oficina de Internacionales, Hermenegildo López, que se interesó inmediatamente por su caso. El personal de la Universidad de León —desde el PAS hasta los profesores— puso entonces la maquinaria solidaria en acción, mucho antes de que la Conferencia de Rectores animara a los centros a «facilitar» el ingreso de los refugiados sirios, aunque sin explicar cómo. El personal de la ULE no descarta abrir una cuenta para recaudar fondos para pagar su matrícula en caso de que no se lograra una salida burocrática.
Desde el Vicerrectorado de Estudiantes se está intentando buscar una solución para que esta joven pueda empezar a estudiar Ingeniería Mecánica. «No sé si se parece o no a Arquitectura, pero es algo que puedo hacer y que tengo que hacer», comenta la joven entre inglés y español con la ayuda de sus ya compañeros Marcos, Stefania y Rebeca. Desde Cooperación, Enrique Bayón, apunta: «Ella tiene interés por estudiar y por eso también merece la pena ayudarla, porque sin saber español lo primero que hizo fue intentarlo». Así, el primer paso que se dio desde la Universidad fue matricularla en los cursos de español del Centro de Idiomas. Se han tramitado y certificado toda la documentación universitaria con la que cuenta y ahora su situación está pendiente del rector y de la Escuela de Ingenierías. «Lo único que nosotros podemos hacer es condonarle las tasas universitarias», explica Bayón, remarcando que siempre se hará intentando no hacer un agravio comparativo con otros estudiantes.
Su familia, su madre, su hermano pequeño y ella, no cuenta con ningún tipo de recursos y están pendientes de una ayuda de Servicios Sociales de Villaquilambre, donde viven. Su padre, murió en la guerra y sus hermanos mayores están en Suecia y Holanda. Ella sólo tiene palabras de agradecimiento, para todos, tanto para el personal de Accem, asociación que atiende al refugiado, o el Centro de Idiomas, donde ha dado sus primeros pasos en la Universidad de León. También ganas de estudiar.