Diario de León

SUPERVIVIENTES DEL MALTRATO | ADRIANA

«Te das cuenta de que no vales menos, sino más»

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ANA GAITERO | LEÓN
León

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«Todo empezó cuando me quedé embarazada. Hasta ese momento no me había puesto la mano encima». Adriana, nombre ficticio de una mujer joven fue usuaria de la casa de acogida de la asociación Simone de Beauvoir de León. Empieza una nueva vida junto a su hija de dos años. El agresor tiene derecho a dos horas de visita al mes pero nunca ha venido a ver a la niña. Tampoco le pasa la pensión.

Su caso es de manual. Tras los golpes venía la reconciliación, tras los insultos la súplica del perdón. Su vida era una rueda infernal. «Pensaba que cuando la niña naciera las cosas cambiarían», pero nada más lejos de la realidad. El mismo día que llegó a casa tras dar a luz «me volvió a pegar y me clavó los dedos en los ojos». Fue la primera y la única vez que le denunció. «Le pusieron una orden de alejamiento y me vino a buscar mi madre», cuenta.

Al mes pidió que se levantara la orden de alejamiento. «Había algo dentro de mí que quería volver con él». Pensaba que le podía ayudar a salir del alcohol y las drogas, a superar su enfermedad mental. Y volvió. «Al día siguiente me volvió a pegar y me echó a la calle», confiesa. Ya no se atrevió a denunciar por vergüenza. Con su madre no podía contar, se lo dejó claro, aunque aún estuvo algunos días en su casa.

«Solicité la casa de acogida y ahora ya tengo mi trabajo, mi casa y no tengo la dependencia emocional que me ataba a él», explica. A ratos se emociona: «Es muy duro. Me ayudó mucho la psicóloga, la fuerza de voluntad y la gente que me quiere y me hizo ver la realidad».

Tiene grabada una frase de su madre que aún le estremece: «Por favor, haz que te vaya a buscar viva y no muerta». Poco a poco, añade, «vas recuperando tu manera de ser, aunque no he vuelto a ser la misma persona», reconoce. Arrastró un sentimiento de culpa por lo que sucedía —otra circunstancia de manual— y ahora tiene dificultades para relacionarse con los hombres. «Desconfío».

Su balance es positivo: «Se sale. Es muy duro. No dejas de sufrir al cruzar la puerta de casa. Pero te das cuenta de que no vales menos, vales s mucho más. Es el mensaje que me repito todos los días». No puede contener las lágrimas: «Lloro porque es un sufrimiento, pero me enorgullezco de que mi vida haya cambiado. Si te enseñan una foto de cómo estaba no me reconoces». A las que tengan hijos e hijas les pide que lo hagan por su bien.

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