Diario de León

CRIMEN DE ISABEL CARRASCO. De frente y de perfil

Las dos caras de Raquel

La acusada «tímida e introvertida» tomó la iniciativa y ejerció de defensora de sí misma .

Raquel Gago.

Raquel Gago.DL

Ana Gaitero
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Ana Gaitero | león
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Como dijo un miembro del público al salir de la vista de ayer, «la chica vino muy bien preparada, contestó muy bien... pero hay una muerta». Raquel Gago, la policía local acusada por el crimen de Isabel Carrasco como cooperadora necesaria, no tenía móvil para verse involucrada en el asesinato de la presidenta de la Diputación y del PP. Sólo halló en su coche un bolso, con otro bolso dentro que, dentro, tenía el arma del crimen. Una matrioska difícil de encajar.

Aficionada a restaurar muebles y hábil con el bricolage, ayer hizo una auténtica demostración ante el jurado popular de sus dotes de convicción y de un carácter firme, muy alejado de esa imagen de ‘mosquita muerta’, tímida e introvertida, que le pintaron tras el crimen de Isabel Carrasco. «Le voy a concretar si me deja porque se lo explico perfectamente...», le dijo al fiscal en un momento del interrogatorio. Varias veces tomó la iniciativa, incluso pidió ponerse en pie para gesticular la forma de abrir el coche.

Raquel Gago se presentó ante el tribunal con ropa clara, una blusa blanco roto vaporosa y una chaqueta de tweed, blanca y azul, muy entallada, pantalón negro y zapatos planos. Femenina y noble, si se miran las apariencias, no quiere ser más alta de lo que es.

A tener en cuentaHizo gala de la paciencia que requiere restaurar muebles y luchó por ser convincente

Pero más importante que su atuendo era la caperta azul llena de papeles con la que auxilió su declaración, repleta de datos precisos, horas exactas y coordenadas de móviles. Parece una mujer metódica, ordenada y organizada aunque su coche, asegura, «siempre está lleno de cosas», razón por la que considera normal no haber visto el bolso con el arma del crimen hasta más de 24 horas después.

La tercera acusada en el crimen de Isabel Carrasco declaró con voz clara y firme, con la espalda muy recta y los pies juntos, nada de cruzar las piernas, como Montserrat y Triana hicieron a ratos en sus respectivas comparecencias. En varias ocasiones se dirigió directamente al jurado. Tiene razón el hombre del público: «Bien preparada».

Raquel Gago es un misterio. Una mujer cerebral que escondía una gran pasión. El asesinato de Isabel Carrasco ha destapado su pareja oculta durante 16 años. Un amor secreto —que Triana conocía por un amigo arquitecto— con un hombre casado. Su abogado le aconsejó hacerla pública para contrarrestar los rumores de una supuesta relación sentimental con Triana.

Géminis, de 42 años, es agente de la Policía Local, oficio que desempeña desde 1997 y del que no ha sido apartada aunque no está en activo. Cuando el fiscal le preguntó por la profesión se explayó explicando las competencias de su destino en la unidad de barrio: «Tratamos con los ciudadanos de a pie, los vecinos y estamos en los pasos de peatones de los colegios». Sin embargo, ni muestra mucho interés por lo que sucede a su alrededor ni suele inmiscuirse en asuntos ajenos. O eso hizo ver ayer al tribunal popular. Cuando Triana se acercó a ella después del crimen, de forma casual, según la versión de ambas, no le hizo ni caso y se limitó a accionar el mando del coche, sin saber si abría o cerrada. Tampoco le interesó en absoluto el revuelo en el Paseo de La Condesa cuando pasó con su coche, unos 15 minutos después del asesinato en la pasarela.

Cuando quiere se fija bien en todo y lo estudia con minuciosidad y paciencia, la misma que precisa para dar nueva vida a muebles viejos. Es tenaz. Buena cuenta dio cuando se presentó como una auténtica experta de las telecomunicaciones al poner en evidencia los supuestos errores del informe de posicionamientos de móviles que le vinculan a seguimientos a Isabel Carrasco. Un informe casi pericial. «Es algo objetivo que hasta el mismo jurado lo puede comprobar», recalcó.

La parte cerebral de la acusada fue predominante en las dos horas y cuarto que duró la declaración. Se lo juega todo y no quiere que haya una rendija que haga dudar al jurado de su verdad. Se puso de frente para dar un perfil verosímil.

Si Triana dijo con la boca pequeña al hablar del bolso: «Ya lo siento, no tenía intención de meterla en un lío», no sorprende menos la actitud de Raquel Gago que no muestra ni el más mínimo resquicio de rencor hacia su amiga. «Lo que ella haya pensado es su conciencia», afirmó tranquilamente después de un breve amago de llanto al confesar que «desde entonces no tengo vida».

Raquel Gago iba a lo suyo, aunque ayer era crucial mantenerse alineada con el testimonio de Triana en las partes ‘oscuras’ de aquella fatídica tarde del 12 de mayo de 2014 que cambió sus vidas por un cúmulo de casualidades, según sus versiones.

Casualidades y privilegios de los que Raquel Gago no se escapa. Ser policía le dio acceso a un trato especial tras confesar el hallazgo del arma del crimen. Policías que van a su casa, conducen su coche, le aconsejan... Pero los amigos en los que confió a ciegas ayer parecían enemigos. Los malos de la película, sobre todo los de Burgos.

Raquel Gago ejerció ayer de abogada defensora de sí misma. No escondió la cabeza debajo del ala como el día del crimen. Ese día la única explicación a su mutismo, asegura que le ha dicho su psicóloga, es que «hice evitación al entrar en mi cabeza la parte emocional». Quedan 27 días, cerca de 100 testigos y 26 pruebas periciales antes de que el jurado emita su veredicto.

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