Diario de León

testimonios al final del túnel

De Cáritas también se sale

Más de 7.000 personas pasan al año por Cáritas. Historias nada fáciles. Relatos en blanco y negro de quienes peor lo están pasando y entre los que también hay caminos con un final, que si no es feliz, al menos divisa la salida del túnel. Algunos de sus protagonistas lo cuentan en primera persona

Verónica, el jueves, fotografiada en Cáritas

Verónica, el jueves, fotografiada en Cáritas

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

manuel c. cachafeiro | león

La sede de Cáritas en León está ubicada en un edificio rehabilitado de la calle Sierra Pambley, propiedad del Obispado de León. Las obras han respetado su historia y han dejado visibles las antiguas vigas de madera y las paredes de ladrillo. En la puerta no se pregunta quién llama y dentro, sorprende por su luz y su carácter sobrio. Y es que la atención no está reñida con el respeto a la dignidad. Ayudar es una palabra muy grande.

Las estadísticas dejan al año más de 7.000 personas atendidas en León en Cáritas. Más de 1.793 familias. Historias en blanco y negro muy duras, entre las que también hay quien empieza a ver el final del túnel.

Es el caso de Juan y Ana, dos nombres ficticios. Aceptan contar su historia «con final feliz», entre comillas, con dos condiciones. No decir sus nombres reales y no salir de cara en las fotos. «La gente siempre te señala», se lamenta ella para justificarlo, «porque nosotros se lo debemos todo a Cáritas», añade.

En su caso, la vida cambió cuando su marido perdió el trabajo en la construcción en el año 2009. Eso y que su hija mayor, de 18 años, no fue un día a sellar la cartilla del paro. Ese trámite era necesario para justificar el pago de la Renta de Ciudadanía a toda la familia. «La dejamos de cobrar. Fuimos a explicarlo pero nadie nos ayudó, hasta que vinimos a Cáritas».

Ana y Juan se quedaron sin nada. Ni para dar de comer a sus otros dos hijos menores, de 12 y 7 años, ni para el alquiler de la casa, ni para el recibo de la luz... «Nos quedamos literalmente en la calle», comenta el marido, que se emociona al recordarlo. Su historia deja también muchas reflexiones en voz alta sobre quienes lo pasan mal aquí, al lado, en la misma calle. «Ves que no tienes nada, que tus hijos te piden para comer, y que tienes que meterte en otra habitación para llorar, porque no quieres que sufran lo que tú pasas», explica Ana. Esta familia sobrevivió gracias a la ayuda de la organización hasta que la mujer consiguió un trabajo como empleada del hogar, también por mediación de Cáritas. Su relación, ahora, se limita al economato solidario, donde siguen comprando. «Yo tengo un curso de carretilla elevadora del programa de empleo, pero no encuentro nada», se lamenta Juan, aunque respira tranquilo porque ahora, al menos, pueden vivir de los ingresos de su mujer.

Verónica sí acepta dar su nombre. Es de Alicante y vivió en Canarias hasta que un día se encontró en León en la calle con su hija de 16 años. Cáritas le ayudó con el alquiler. Ahora, al menos trabaja los fines de semana y puede defenderse. «No tenía nada», explica. La misma frase maldita de Juan y Ana.

Historias de superación también como la de Josefina Brujan, que tiene un hijo adolescente de 12 años. Dominicana, llegó a León hace un año con la promesa de trabajo que no funcionó. No tenía para pagar el piso, ni derecho a prestaciones o ayudas por el poco tiempo que llevaba empadronada en León. Cáritas logró que entrara en sus itinerarios laborales, le ayudó con el alquiler... «Ella poco a poco fue encontrando trabajo y organizándose, y ahora trabaja de interna al lado de su casa y le dejan incluso estar con el hijo en el trabajo y unas cuantas horas libres», comentan desde la institución ligada a la Iglesia.

Driss Bouiacha, un marroquí padre de familia numerosa, protagoniza otra de las historias. Llegó hace un año a León procedente de otra zona de España. Sin ingresos económicos de ningún tipo, tampoco podía solicitar ayudas, al no cumplir con los requisitos de empadronamiento. Cáritas le ayudó a nivel económico pagando los alquileres mensuales, varios recibos y el economato, junto con la parroquia de su barrio. Hoy, todos los hijos están escolarizados, una hija estudia peluquería que el apoyo también de Cáritas y la madre está recibiendo clases de español en otra entidad. Ahora, al menos cobra la Renta de Ciudadanía.

Historias en blanco y negro. Como la vida real.

Juan y Ana (nombres ficticios), que cuentan su historia de supervivencia. JESÚS F. SALVADORES

tracking