Diario de León

EL JUICIO POR EL CRIMEN DE ISABEL CARRASCO

A por la cabeza y el corazón del jurado

Nueve horas de alegatos, con el final apoteósico de las lágrimas de Raquel Gago, para conquistar a las nueve personas que deciden el juicio

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ana gaitero | león

El arco de seguridad de la Audiencia Provincial no detecta cierto tipo de armas. Las que el fiscal, la abogada y los abogados llevaban ayer en sus maletines (y sobre todo en sus cabezas) pasaron inadvertidas por el control policial. El último día del juicio por el asesinato de Isabel Carrasco no era el día del juicio final, pero las lenguas eran de fuego e iban afiladas como navajas, directas como dardos y a ratos sibilinas.

Iban en la misma dirección que las balas que acabaron con la vida de la presidenta de la Diputación. Al corazón y a la cabeza de las 11 personas que integran el jurado (9 titulares y dos suplentes). Rostros anómimos de ciudadanos y ciudadanas de León que tienen en sus manos la decisión sobre la culpabilidad o no de las tres mujeres juzgadas por el crimen contra la presidenta de la Diputación. También hubo bofetadas en las mejillas. El fiscal le dio una colleja al abogado de Triana Martínez y Montserrat González, José Ramón García, a cuenta de las «ricas cervecitas» por las que preguntó a Leticia, una de las amigas de Raquel Gago cuyo testimonio es clave para acusaciones y defensas porque «no vio ni sintió» el bolso en su coche.

A Fermín Guerrero le cayó un bofetón. Emilio Fernández pidió deducción de testimonio para el letrado de Murcia por su desapareción «injustificada» del 28 de enero. Por la tarde, a la hora de los toros, le tocó al fiscal aguantar las estocadas de José Ramón Ortiz, abogado de Triana y Montserrat, por lo de Fermín. Y a Gavilanes, a quien felicitó por su ‘faena’ matutina, por decir que el inocente no necesita ocultarse. Y a Beatriz Llamas por las fotos de la Comisaría... y a Rivera por apuntar que «Triana es el verdadero cerebro de la trama: interactúa con su abogado, dirije el juicio y no ha dejado que las acusaciones le pregunten». Fermín Guerrero también tomó la revancha contra el fiscal: Una queja a la Fiscalía General del Estado por sus declaraciones sobre sicarios y películas de El Padrino.

El jurado al que Montserrat González, la autora confesa del asesinato, no quiso mirar a la cara, escuchó atentamente los alegatos finales de las otras dos acusadas. Con la voz suave y entrecortada, Triana Martínez volvió sobre el episodio del presunto acoso de Isabel Carrasco y cargó contra las forenses: «Fueron muy bordes», se quejó. Y contra los testigos que «mintieron» y los que «desaparecieron y no vinieron». Raquel Gago impactó con sus lágrimas. Repitió dos veces: «Soy inocente». Lamentó el asesinato de Isabel Carrasco. «No le he oído decir que siente ese fallecimiento», había dicho por la mañana la abogada de la hija de Isabel Carrasco.

Alea jacta est. La suerte está echada. Cada parte ha luchado durante 15 sesiones de juicio por probar sus tesis y convencer al jurado. Quince días después de 21 meses desde que Isabel Carrasco fue asesinada en la pasarela sobre el Bernesga.

El jurado ha estado mudo. No ha ejercido el derecho de formular preguntas a través del magistrado presidente. Los seis hombres y cinco mujeres que se sientan en el estrado izquierdo adelantaban su cuerpos cuando querían prestar especial atención, se recostaban hacia atrás, tomaban nota. Alguno miraba al público. Redujeron sus gestos a la mínima expresión. La sala estaba abarrotada. La expectación era máxima. Las partes del juicio, sin excepción, iban a por su cabeza y por su corazón. Lo sabían.

El fiscal, cerebral, ordenado. Resumió en ocho puntos las preguntas que «deben» hacerse para tomar su decisión. Los tres tiros ante los que Isabel Carrasco no tuvo oportunidad de defenderse. El disfraz de Montserrat, que aplica a Triana y Raquel. La hora aproximada de los disparos, 17.15. La participación de las tres: búsqueda del arma, recopilación de datos de la víctima, seguimientos en los que habría participado Raquel. La entrega del bolso de Montserrat a Triana y el papel de Raquel durante las 30 horas que le mete el bolso en el coche hasta que llama al policía Nacho. No pudo evitar ir también al corazón: «¡Condenen sin miedo!». «¡No se dejen confundir por la defensa!».

Beatriz Llamas, la abogada de la hija de Isabel Carrasco, dibujó al jurado una historia con tres personajes. Triana, «la fantástica», la bautizó, como cerebro del asesinato, la «niña rica y caprichosa», «privilegiada» que entra en la Diputación con 30 años con un enchufe, mientras los jóvenes de León «tenemos» que ir fuera. Montserrat «tenía el coraje y apretó el gatillo» y Raquel es «fría, calculadora y misteriosa».

Carlos Rivera, que representa a la pareja de Carrasco, reivindicó la figura de la presidenta de la Diputación y del PP, de personalidad «polémica» que generaba partidarios y detractores «en parte por su condición femenina, en una sociedad machista, y por su origen humilde». El letrado del PP, Ricardo Gavilanes, fue el único que habló de pie al jurado. Y lo hizo a las claras, «con el corazón» recordando en su alegato final que «superbuena o supermala, fea o guapa, alta o baja, Isabel Carrasco tenía derecho a la vida, a envejecer y a ver a sus nietos, que no conocerá».

Las defensas se despacharon a gusto por la tarde. José Ramón Ortiz, abogado de Triana y Montserrat, dio un golpe de efecto con su teoría sobre la hora del crimen y los tres minutos de silencio que mantuvo para que el jurado experimentara lo que dan de sí 180 segundos. Y cargó contra el héroe policía, contra Julio el de la ORA y los policías de Burgos, con fijación en «el Santocildes».

No es un juicio de película americana, como advirtió Ricardo Gavilanes, pero el alegato de Fermín Guerrero, sonó a Lo que el viento se llevó: «A Dios pongo por testigo...», dijo para defender la inocencia de Raquel Gago. Es un juicio en una ciudad de provincias con ecos planetarios. El jurado lo sabe.

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