prevención activa
León pone coto a las palomas en la ciudad
El Ayuntamiento ultima un protocolo de control sistemático tras capturar cerca de 3.000 ejemplares en apenas dos años y medio

Palomas comiendo una tapa en una terraza de la ciudad.
álvaro caballero | león
Aunque «no puede considerarse que en la actualidad estemos ante una plaga generalizada», como admiten los veterinarios municipales, el Ayuntamiento ultima el protocolo de actuación para controlar la población de palomas que hay en la ciudad. Después de que las quejas ciudadanas y de los hosteleros se haya cuadruplicado en los últimos cuatro años, la Concejalía de Comercio, Consumo y Salubridad Pública, dirigida por Pedro Llamas, define un plan con el que poder tener una estimación continua de su número y establecer el listón por encima del cual proceder a su captura de manera regular y sistemática. Pese a que los profesionales del consistorio no se atreven a dar una cifra aproximativa de cuántas aves se reparten ahora por la capital leonesa después de haber hecho el primer estudio, ni en qué cifra se prevé poner la marca para regular su evolución temporal, la ratio establecida en España fija que debe adecuarse a una paloma por cada 45 habitantes. En el caso de León, el cálculo resolvería que la suma de las bandadas tendría que quedarse por debajo de los 2.900 ejemplares.
La cifra es inferior incluso a la que los veterinarios del Ayuntamiento de la capital leonesa admiten que se ha capturado en los dos últimos años y medio. Desde 2014, los servicios municipales han retirado de los edificios y viviendas, en su mayoría abandonados, 3.000 palomas. Hasta ahora, la actuación se limita tan sólo a los casos en los que los titulares del inmueble lo solicitan y si las condiciones de seguridad permiten acceder sin problemas, como reseñan desde la Concejalía de Salubridad Pública. Los apresamientos se hacen con jaulas específicas en las que se depositan señuelos de agua y comida para engañar a las aves a que entren. Una vez dentro, se trasladan al mercado nacional de ganados, donde «se hace cargo de su recogida, de manera gratuita, una empresa de Palencia, que es gestor autorizado por la Junta», describe el concejal Pedro Llamas, quien abunda en que esta sociedad «las utiliza para repoblación de palomares y cría de pichones», aunque no esconde que después de analizar «cuáles están enfermas» una parte de las capturas se sacrifica. «No se trata de acabar con ellas ni mucho menos, sino de controlar para mejorar la convivencia», cita el edil del PP, que apunta que el pasado año se llegaron a contabilizar 43 quejas y reclamaciones de vecinos frente a las apenas 10 del año 2012.
Los profesionales del consistorio conceden que «del estudio poblacional y el análisis de la quejas formuladas» por los ciudadanos, «se puede deducir que la distribución de las palomas en el municipio no es uniforme». A pesar de que se han reducido de manera considerable su presencia en espacios antes emblemáticos, como la plaza de San Marcelo, conocida de manera popular como plaza de las palomas, sí que han proliferado en aquellas zonas «de alta carga de hostelería y, por tanto, de disponibilidad de alimento», como el Húmedo, el Romántico o Burgo Nuevo. En estos tres barrios es habitual ver a las aves acercarse a las mesas para recoger las sobras de las tapas, bien por el descuido de los dueños de las terrazas o por encontrarse al acecho cuando los clientes todavía no se han ido. Esta molestia es una de las principales quejas, condene los veterinarios municipales, que señalan que gracias a este alimento luego aprovechan para anidar, en la mayoría de los casos, en «edificios abandonados» de la zona centro y barrios periféricos.