Diario de León

A Motorines le salió el corazón por la boca

Javier Fernández Zardón inaugura la Semana Santa 2018 con un pregón cargado de emotividad, interrumpido por los aplausos en 14 ocasiones y con una ovación final de 96 segundos del público en pie.

Entrega del papón de plata. FERNANDO OTERO

Entrega del papón de plata. FERNANDO OTERO

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miguel ángel zamora | león

Javier Fernández Zardón escenificó al Motorines más genuino, y desde ayer ya forma parte de la historia en la nómina ilustre de pregoneros de la Semana Santa. Interrumpido su discurso en 14 ocasiones por los aplausos del público y con una ovación final de 96 segundos con el Auditorio de León puesto en pie, el pregonero dejó el listón muy alto. «Tremenda papeleta para el que venga después», vaticinó la presentadora, Beatriz Jarrín.

En los prolegómenos del acto, el presidente de la Junta Mayor, Manuel Ángel Fernández (ataviado con pajarita en homenaje al pregonero) avanzó que León concurrirá a la organización del Encuentro Nacional de Cofradías del año 2020. El teniente alcalde, Fernando Salguero lo calificó como «un Tintinólogo internacional» y en la despedida el obispo, Julián López, hizo votos para que Jesús Nazareno «premie la ilusión que le ha puesto».

Motorines convirtió el pregón en una suerte de programa de radio figurado y dedicó la parte inicial de su disertación «a quienes sueñan con la primera luna llena de primavera y a quienes nos dejaron y siguen tan presentes».

«Se permite soñar, viene en el Libro del Encargo. Nunca dejen de soñar, de pujar por las pasiones y las ilusiones. Gracias por rasear acompasado en una tarde que abre la puerta a la ilusión», saludó en la presentación.

Socarrón con el obispo Julián López «valiente donde los haya al dar el placet para mi nombramiento» y también con las autoridades locales, lanzó un guiño al pasado en la aviación de su padre: «Alcemos el vuelo sobre el alto cielo. ¡Primo, 42º Norte, seguimos tu estela! («La rosa del viento tomamos por cruz»). Tendría otro guiño después también para su madre y para sus compañeros de Diario de León, con especial acento en el jefe de diseño y maquetación, Luis Ángel Cano: «¡Qué paciencia, Maquettoni!».

«A seis días de la salida de La Morenica por las calles de la Legionensis, a doce jornadas del viernes de la cruz, aún falta aunque tampoco tanto. Así que non procastinare… para mañana lo que puedas hacer hoy», bromeó.

Fiel a su filosofía, emplazó hasta el Viernes de Dolores y no antes para las primeras limonadas: «Por mucha Capitalidad y Manjar de Reyes, hay que mantener escrupulosamente las calendas a la hora de consumir la heredera del vino aloque al decir de los estudiosos que debe disfrutarse, exclusivamente desde justo antes de la salida de La Morenica, hasta el Domingo de Resurrección, admitiéndose Lunes de Pascua; todo lo demás, a fuer de glotonería conviértese en sacrílega costumbre crematística, sólo alentada por quienes ven, en el crecimiento de la bolsa, su razón de ser y existir».

«Con La Morenica ya en la calle, El Mercado es una fiesta. Ya nunca sola, ni tan pequeña, ni siquiera triste, la Virgen de mi calle», parafraseó a Victoriano Crémer.

«Veinticuatro horas después, la metamorfosis. La Rúa se vuelve Sierpes, la de las tiendas en plaza nueva y las tabernas y figones capitalinos en Venta de Vargas o de Antequera. Petalá en Sacramento. Domingo de Ramos, «de palmas y túnicas bendecidas, de estreno de pies y manos. Una tarde —borriquilla mediante— de Gran Poder, de llamadas a procesión y letanías que encogen el alma, de Cristo Redentor». A punteo de horqueta «la penitencial de catafalco y grana», dijo en mención a La Redención «dando vista al secular empedrado justo después, precisamente después, de que haya sonado allí la sobrecogedora letanía: ‘Dainos Señor buena muerte, por tu santísima muerte’, rasgando la tarde-noche de un domingo de escabeches y enhorabuenas».

Celebró la conversión del Lunes Santo «que antaño pregonase lutos compartidos, sólo que ahora lo hace con las familias» y que el «Martes de Perdón» cumpla el soberano encargo «del indulto cofradero que se cruza con las tres vírgenes; Dolor de Nuestra Madre en negro y dorado: Lágrimas, Angustias y Candelería Soleana… ¡Viva La Madre de Dios!», coreó.

«Como otros encendidos hachones lírico-pasionales en un Miércoles Agónico de Jesús Camino del Calvario, en el Silencio camina la Semana». Habló también de Jueves Santo «de sacas limosneras, y de Viernes Santo: «Bulle Santa Nonia. A la vera del jardín: tronos, los de Los Pasos, cuajados de flores. En un susurro, la primavera leonesa hiela el alma y la desgarra. ‘El Viernes, León es de Jesús’. Lo ha escrito una papona y se cumple». La procesión, al descanso y al punto: «Sacramento y ‘Cid, espléndido el encuadre con la Colegiata como bastidor de fondo, ¡a qué sí, Hermano Manolín!» (Ramos Guallart)».

Repasó el Santo Entierro, el Sábado Santo y el Domingo de Resurrección y el del fin de la semana: «Como la papona Elvira (Villafañez) —como todos—, que se resiste a guardar el capillo en una tarde de calles silenciosas.

«Nunca dejen de soñar, lo mejor está por venir. ¡Paponas!, ¡Papones!, ¡Braceros!, ¡Braceras!… (¡Pam, Pam… Paam!) ¡A hombro! ¡Buena puja!», concluyó .

No fue el final. La interpretación del himno a León por parte de León Cello, que ambientó el evento con su música, halló la respuesta espontánea del público, que entonó la letra en una suerte de semi a capella gloriosa. Sublime. A la altura del pregonero.

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