Diario de León

Una veintena de chabolas para acordonar la periferia de la ciudad desde hace treinta años

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

El relato de los arrabales leoneses se escribe sobre convenios vencidos; hubo uno que fijaba el realojo de las familias hace ya once años, a finales de octubre de 2007; se estampó en papel, pero fue papel mojado, como los treinta inviernos que acumulan en sus historias las familias que habitan la veintena de chabolas que extienden la ciudad más allá de la ronda de Hospitales y al sur, Bernesga abajo. Tanto tiempo da de sí; a Las Graveras para mimetizarse entre los ribones del perfil de la ribera fluvial, hasta convertirse en imperceptibles si no fuera por las señales de humo de chimeneas de estufas, que hacen frente al frío leonés; a la barriada que flanquea la circunvalación, para formar un ecosistema de tejados provisionales sin los que la vista norte de los pacientes del Hospital de León no sería lo mismo. La ciudad de León se acordona los zapatos con las casetas de madera que sirvieron para albergar el desalojo de almas de Riaño; «espacios temporales para el realojo», se definió esta circunstancia anacrónica de tener la vida apegada a un tablado provisional con vistas inmejorables a la ciudad o con la envidiable brisa que recorre el cauce fluvial a la puerta del salón.

En los asentamientos que acaba de poner en el punto de mira el plan de aniquilación de chabolas presentado ayer por la Junta hay gente que lleva la mitad de su vida; otros, los más pequeños, toda. La precariedad se acentúa cada vez que por alguna razón se pregunta por la circunstancias de esa vida de tener un certificado de habitabilidad sujeto a un pared improvisada, a una traída programada para un suspiro, a unas cortinas de quita y pon, por la mudanza que se resiste. «Parece que ahora ya va la vencida». Los dos suburbios que subsisten en León, veinte viviendas, no deberían seguir ahí en 2020.

tracking