Abusos sexuales en la Iglesia
El obispo de León no apartó a un cura pederasta cuando era responsable de la Diócesis de Ciudad Rodrigo
Según publica El País, Julián López pactó con la familia de una niña agredida sexualmente el traslado del cura a otro pueblo. Ahora es el notario del tribunal eclesiástico que se encarga de juzgar precisamente las denuncias por abuso de menores.

Imagen del obispo de León, Julián López
El obispo de León, Julián López encubrió un caso de abuso sexual a una niña cuando era responsable de la Diócesis de Ciudad Rodrigo, en Salamanca. Según publica el diario El País, el párroco de Espeja, en Salamanca, fue condenado a un año de cárcel en 1998 por abusos sexuales sobre una niña de diez años, si bien no llegó a entrar en prisión por no tener antecedentes. La sentencia no trascendió públicamente y este cura, Joaquín Galán Pino, continuó como párroco en Serradilla del Arroyo, a 40 kilómetros. A día de hoy forma parte, como notario, de la vicaría judicial de la diócesis de Ciudad Rodrigo, como consta en su página web. Es el tribunal eclesiástico que se encarga de juzgar precisamente las denuncias por abuso de menores.
Diario de León se ha puesto en contacto con el Obispado de León, pero Julián López se encuentra en el cónclave de obispos de Madrid. En declaraciones a El País, Julián López explica que actuó "conforme a la legislación canónica vigente” entonces y admite que no abrieron ningún proceso eclesiástico. “Se consideró suficientemente importante y válido el proceso en el ámbito civil por lo que no se consideró necesario un proceso canónico expreso”, explica López.
Familiares de otra niña presuntamente agredida por el mismo sacerdote declaran al periódico que, en su caso, pactaron con el obispado que el sacerdote fuera trasladado a otro pueblo y no presentaron denuncia. Por esta razón su causa, abierta de oficio por informaciones de la fiscalía, “al final se archivó”, relata este vecino, que prefiere no dar su nombre. “Nos aconsejaron que era lo mejor, para no traumatizar más a la niña con el proceso y los interrogatorios”, cuenta. La sentencia posterior del cura fue tan secreta que ni este hombre sabía que había sido condenado.
El padre de una de las víctimas del cura explica a El País que optó por no denunciar para no hacer pasar a su hija por el proceso y pactó con el obispado que se llevaran al sacerdote del pueblo. “Solo querían taparlo todo, y nada más”, recuerda. “Nunca nos pidieron perdón, ni siquiera lo reconocieron. Mi hija acababa de hacer la comunión y rompió y quemó todas las fotos”. En el caso que fue a juicio, según los datos facilitados por la diócesis y por el obispo Julián López, hubo denuncia de la familia de la víctima y el obispo se reunió con ellos. En este supuesto segundo caso, no: “A nosotros nos vino a ver a casa un secretario y luego tuvimos otra reunión en el obispado, pero al obispo nunca le vimos”, recuerda este vecino.
Siempre según las informaciones de El País, al final en el pueblo algo se supo, porque poco después, tras acordarse el traslado del sacerdote, fue arrestado por la Guardia Civil. Fue el 16 de enero de 1998, pasó una noche en prisión y la noticia salió en los medios. El obispado se vio obligado a emitir una nota de prensa en la que defendía la presunción de inocencia del religioso, que llevaba en Espeja desde 1970. Pero luego se hizo el silencio, nada parece haberse sabido del juicio ni la sentencia, dictada en junio de 1998, y en Espeja todos los vecinos pensaron que el caso había quedado en nada. De hecho, el cura ha vuelto al pueblo a celebrar alguna boda, para indignación de la víctima localizada por este periódico. “El bicho este volvió hace dos años, y te tienes que aguantar.
Julián López declara a El País que supo del caso por una tía de la víctima en octubre de 1997. “Iniciada una investigación en la diócesis y al margen de la actuación judicial que iniciaba también su actuación, el sacerdote acusado puso, por carta, la renuncia a todos su cargos pastorales a primeros de noviembre de 1997, renuncia que se hizo efectiva”. El cura negó los hechos, relata López, que le suspendió de forma provisional y luego definitiva. Mientras fue obispo hasta 2002, afirma, “no tuvo ninguna dedicación pastoral”. “Después de la sentencia civil, le privó del oficio eclesiástico”, sostiene su diócesis en un escrito.
No encaja con lo que dijo en aquella ocasión el obispado a raíz del arresto. En la nota de prensa de 1998, localizada por este diario, se lee: “El obispado confía en la plena inocencia del sacerdote (...), que había sido trasladado a otra parroquia, a petición propia, a comienzos del presente año, habiendo destacado por su dedicación y espíritu de trabajo”. Ahí se habla de traslado, no de renuncia.
López también mantiene que informó a su sucesor, Atilano Rodríguez, actual obispo de Sigüenza y Guadalajara, que permaneció en el cargo de 2002 a 2011, año en que llegó el actual, Raúl Berzosa. “Posteriormente, tan solo le consta que continuó como archivero en el obispado”, apunta la diócesis de León. Pero no es así. De hecho, entra en contradicción con lo manifestado a este periódico, también por escrito, por la diócesis de Ciudad Rodrigo: “Desde entonces, este sacerdote dejó su trabajo como profesor de Religión, ejerciendo, pasado un tiempo, el ministerio pastoral siempre bajo la supervisión de un párroco”. La diócesis se niega, no obstante, a detallar cuánto tiempo pasó hasta que volvió a ser párroco y qué obispo tomó la decisión.