Trabajar en el pueblo
El acero de la esperanza
Villadangos confía en que la nueva factoría y su enganche ferroviario den alas al polígono.
«Ésto está tirando para arriba a toda marcha», aprecia el pedáneo de Villadangos, Cipriano Cabrero, ilusionado con la llegada de la empresa siderúrgica Network Steel Resources (NSR) al polígono industrial que vio nacer hace 17 años. «Como se puede comprender», explica, «el pueblo ha recibido la noticia emocionado, porque trabajos de éstos no suelen lograrse, y cuando un obrero puede tener su empleo a 500 metros, sin gastar, porque vive aquí, pues representa mucho... Esperanza y futuro».
La sensación eufórica que describe el presidente de la junta vecinal la comparten muchos vecinos del municipio. «Todos estamos contentos, pero mi hermano más, porque trabajaba en Vestas desde el principio, hace doce años, que empezó con la fibra y después de mecánico, y se veía en la calle. Vive en Celadilla y ahora a lo mejor lo meten otra vez en la nueva compañía», comenta Rodolfo Vieira, quien reconoce que en Villadangos se había extendido «una sensación mala» con el anuncio de cierre de la empresa eólica, sobre todo, entre los empleados con familia. Un drama que se ha transformado en buenas perspectivas con la apertura de NSR.
Otra vecina, Angelines Vidal, cree que la manifestación y la lucha «han dado sus frutos», y que en las concentraciones no se defendían solo alternativas para Vestas, sino para frenar el declive industrial y poblacional de León. «De repente, con la confirmación de la compra de NSR, es como si hubieran puestos a Villadangos en el mapa». Incluso piensa que se abre una ventana laboral para su propia hija, quien, a pesar de haber finalizado dos carreras, «está prácticamente en el paro. Yo la digo que haga curriculum y a ver si puede hacer algo en el pueblo».
Junto a los puestos de trabajo, la población de Villadangos también comenta mucho cómo será la incorporación del ferrocarril y el famoso ramal que el Ministerio de Industria se ha comprometido a realizar para que la siderúrgica pueda dar salida a su producción. «Viví muchos años junto a la estación, que se cerró cuando se marchó la empresa de butano que había al lado y sería una ilusión que el tren viniera otra vez», señala Vidal.
El pedáneo también considera que si el ferrocarril vuelve a funcionar «el polígono tendría que ser la mitad más». El vivero puede crecer, porque está rodeado de otras 800 hectáreas de terreno. Cabrero insiste en que «si se pone el tren, no se puede saber lo que puede montarse ahí...».
La primera consecuencia prevén los vecinos del pueblo sería la disminución del tránsito de camiones. Sólo la planta de Mercadona, que podría beneficiarse del transporte ferroviario, genera un movimiento de un millar de trailers al día. «No tener tanto camión por ahí estaría muy bien, porque la nacional tienen un tránsito exagerado. El alcalde nos tuvo que poner un semáforo para poder cruzar», indica una trabajadora eventual del Ayuntamiento.
El regidor, Teodoro García, opina que la alegría que se vive es porque con NSR se garantiza «que venga gente al pueblo y que mucha no se tenga que marchar». Recuerda que el polígono pudo llevarse adelante por la «generosidad» de Villadangos, ya que sus vecinos cedieron gratuitamente 200 hectáreas en un concejo abierto en mayo de 2001. A cambio pedían que se creara trabajo para que sus familiares pudieran regresar al pueblo y se diera continuidad a sus nietos. «Quienes son los importantes son los vecinos, por ese gesto, y la empresa, que es quien arriesga su dinero». García resalta que le ha gustado «mucho la labor de los sindicatos, de la Junta y el Gobierno». Reconoce que «a mí Vestas me engañó, no pensé que iba a llegar donde llegó», en referencia al cierre, pero ve que la nueva compañía aportará un buen rendimiento a las arcas municipales, un 2,5% del importe de la obra civil.
Otro sector de vecinos no encuentra que el polígono traiga tantos beneficios para el pueblo. «Las viviendas viejas no las compra nadie, y los trabajadores del polígono sí adquieren en La Virgen, San Miguel o León, pero aquí la venta está muy parada». De la misma opinión es el secretario de la comunidad de regantes, Santos Argüello, quien se alegra de la «cantidad de gente que estaba abocada al paro y con ésto se salva», pero entiende que para el pueblo directamente «no significa tanto», ya que la vivienda se ha movido poco y no aprecia que haya más población.
Una trabajadora de la hostelería admite que al bar «sigue viniendo gente mayor, sobre todo», pero ella «sufría por tanta gente joven que se iba a quedar sin trabajo, todo ese montón de gente en el paro». Por eso se alegra de que la situación se haya revertido.