Diario de León

La festividad del patrón leonés

Cinco de Octubre (y II)

La calle Cinco de Octubre transcurre entre las avenidas Padre Isla y Reyes Leoneses

La calle Cinco de Octubre transcurre entre las avenidas Padre Isla y Reyes Leoneses

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León

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Ayer completamos el repaso urbano a esta calle nominada con la fecha Cinco de Octubre, en honor del patrono San Froilán. Su tradicional y ya veterano trazado discurre entre Padre Isla y la cosmopolita avenida de los Reyes Leoneses, auténtico eje vital del emergente polígono Eras. A modo de referentes más destacados, habría que citar la bolera del mismo nombre que aparece en su tramo final, además del parque de Juan Morano, cuyo rumoroso y apacible sonido acompaña al discurrir de nuestra vía protagonista. La festividad del Cinco de Octubre, efectivamente, está ligada con el venerado San Froilán, obispo, confesor y patrono de la diócesis leonesa. Aunque existen serias contradicciones con respecto al discurrir vital del personaje del día, una tradición comúnmente aceptada nos dice que nació en una humilde morada perteneciente al partido de Regueiro Dïos Hortos, en la provincia de Lugo. Se supone que vino al mundo hacia el segundo tercio del siglo IX, siendo sus padres Frodano y doña Froyla. Una pareja de agricultores que vivían pobremente entre las lomas de Abuin y las riberas del Miño, al noroeste de las murallas de «Lucus Augusta». Según uno de sus primeros biógrafos, Juan Diácono, a los 18 años de edad ya conocía a la perfección las Sagradas Escrituras, decidiéndose a llevar una vida de oración, penitencia y predicación. Pero antes, según relata este cronista que fue contemporáneo del propio San Froilán, llevaría a cabo una extrema y mortificante experiencia. Así lo narra Juan Diácono: «púsose en la boca carbones encendidos como prueba de que si los labios le quemasen, no debía de tomar el oficio de la predicación; pero, la boca y labios permanecían ilesos, lo que era lícito para anunciar la palabra divina». Tras ingresar en el convento de Tábora, sería nombrado obispo de León por el rey Bermudo, y ello a pesar de sus grandes reticencias para aceptar dicha prebenda. San Froilán falleció el 5 de octubre, de ahí el título de nuestra calle, del año 905, cuando contaba 73 años de edad. Don Antolín López Peláez, el que fuera arzobispo de Tarragona, publicaría en el siglo XX, concretamente en 1910 y 1911, dos libros que nos cuentan algunos de los milagros de San Froilán: San Froilán de Lugo y Vida póstuma de un santo. En sus páginas podemos leer prodigios como el ataque sufrido por el borriquillo del santo, devorado por un lobo. Sin inmutarse lo más mínimo, San Froilán llamó al lobo, le colocó los aparejos y siguió su camino.

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