Diario de León

CRÓNICAS DE AGOSTO

El hombre del bigote pintado

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León

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SI el humor fuera una silla, cabría imaginar que una pata, donde se aglomeraría lo tierno y cotidiano, estaría representada por el Gordo y el Flaco, por Stan Laurel y Oliver Hardy, otra reuniría las facetas romántica y existencial y llevaría el nombre de Charles Chaplin, y habría una tercera acrobática, dedicada a Harold Lloyd. La cuarta pata, esencial como cualquiera de las otras tres para lograr la estabilidad y el equilibrio del género más humano de todos los géneros, sería la de los Hermanos Marx, el humor del absurdo enloquecido, más allá de lo grotesco y lo frenético. Y, entre los tres Hermanos Marx, que fueron cuatro inicialmente, y seis realmente en la familia, brilla con una luz singular, fruto de la propia caracterización de su personaje, el cuarto de los seis hermanos, el menor de los tres que han pasado a la Historia del Cine constituyendo una parte sustancial de los cimientos del humor cinematográfico, Julius Henry Marx, conocido como Groucho, nacido a primeros de octubre de 1890 en Nueva York, y fallecido, a mediados de agosto de hace veinticinco años, en Los Ángeles. Surrealistas y contemporáneos de Dalí, practicantes de la teoría del absurdo, como parte fundamental del devenir del ser humano, antes de que Beckett enseñase el flequillo y comenzase a hacernos esperar a Godot, los Marx han ido ganando modernidad a medida que se acababa el siglo XX, hasta llegar, en estos inicios del XXI, a convertirse en parte del territorio que nos aguarda, en cuanto al cine americano y mundial se refiere, cuando finalice la etapa Woody Allen. Groucho, poseedor de un ingenio plasmado en una corta pero sustancial colección de libros autobiográficos, amén de una columna vertebral sumamente flexible, de unas gafas redondas con aros de metal, de un puro gigantesco y de un bigote pintado, fue el más literario y el menos musical -Harpo tocaba el arpa y Chico el piano, mientras Groucho se contentaba con vadear el orondo trasero de Margaret Dumont- de los Hermanos Marx, además de ser el más longevo. Los dichos de Groucho siguen estando de actualidad, convertidos en clásicos, en referentes para un humor cínico, que más que asocial es en sí rompedor de esquemas, revolucionario en conflicto permanente con lo establecido. La revolución que representa el humor del hombre del bigote pintado sigue estando pendiente, y lo seguirá siempre, como toda revolución que se precie, y por ello su actualidad se ha visto perennemente renovada mientras las otras (políticas, sociales, económicas) que lograron imponerse un día se han visto después superadas por los acontecimientos, devoradas y digeridas por sus propios sostenedores. De la Revolución Francesa surgió la democracia popular, del comunismo marxista ha nacido el neocapitalismo y del capitalismo, la globalización. El humorismo de los Marx, sin embargo, aún habiendo dado lugar a cientos de imitadores y supuestos herederos, no ha tenido descendencia y sigue por ello vigente. Recordando el primer cuarto de siglo sin Groucho estamos preparando la futura tarta de aniversario del primer siglo de Los cuatro cocos, su primera película realmente universal, y del resto de sus películas, mayores y menores. Larga vida la del hombre que ladinamente confesaba, colocándose a la cabeza de nuestras frustraciones: «Salí de la nada y he llegado a la más sublime de las miserias». Feliz aniversario, Groucho.

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