Victoriano Crémer CRÉMER CONTRA CRÉMER

Los tres poderes

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León

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LO comprendo. Desde mi atalaya independiente, alcanzo a comprender la exacta situación de todos y cada uno de los comprometidos en la gran pelea política que se avecina. Los españolitos nos disponemos a elegir a nuestros representantes en aquellos mecanismos comprometidos con la gobernación del pueblo y de las autonomías. Estos años inmediatos van a constituir una dura prueba, no para los llamados ni mucho menos para los elegidos, sino para los electores, que sin comerlo ni beberlo, se ven en el duro trance de tener que seleccionar, de entre millones de hombres, mujeres y neutros, de izquierda, de derecha, de centro y ni de lo uno ni de lo otro, a quienes habrán de regir nuestros destinos durante otro cuatrienio.. ¿Hasta que revienten los caballos? No, sino hasta que demos una en el clavo. Porque digan lo que quieran los unos, los otros y los de más allá, las perspectivas políticas, económicas, sociales y hasta religiosas, no andan todo lo derechas (no «de derechas», sino derechas en términos éticos) que necesita el país, la patria, la nación. España para salir a flote. Ante tan apremiante aventura, los partidos se preparan y despliegan todos sus efectivos para conseguir atraer a aquellos que pueden, en definitiva, torcer el curso natural de los acontecimientos. Entre los indicadores más positivos que aparecen desplegados ante los comités electorales, aparecen tres verdaderamente fundamentales. Quienes consigan dominarlos y manejarlos inteligentemente, se llevaran el gato al agua. Según los más perspicaces futurólogos políticos, los tres medios fundamentales para conseguir mayorías absolutas son: los colectivos de homosexuales, lesbianas y demás gente rosa, los gitanos y los curas parroquiales. Hubo un tiempo (el de Romero Robledo) en el que se podía garantizar el éxito de una campaña electoral, contando con el Ministerio de la Gobernación y con la Guardia Civil. En este momento crucial de la historia de España, no. El que consiga los votos de los colectivos de homosexuales, gitanos y curas alcanzará la gloria. Y aquí nos tienen a los asombrados supervivientes de un tiempo clásico y penitencial, preparados para sancionar la inclinación de estos grupos humanos hacia el dominio de navegación política. Teniendo en cuenta, pues, que en España, según recogemos de los cuadros estadísticos existen no menos de cuatro millones de «gays», lesbianas y enamorados de la luna y que el cupo de gitanos canasteros no baja de los dos millones tendremos que aquellos partidos que consigan atraer sus intenciones de voto, serán los elegidos. Que nadie se alarme ni se rompa las vestiduras. Las cosas son como son y teniendo en cuenta la composición y la disposición de los núcleos más activos de la sociedad española de nuestros días, el futuro político puede predecirse sin temor a error. Entre gentes que anduvieron marginadas años y años, anda el juego. Ha llegado el momento de las verdades verdaderas, incluso sin necesidad de ese gesto dramático de salir del armario o de intentar elevar a programa universitario la cultura gitana. Sucederá lo que cuando la mujer irrumpió en la vida política dispuesta a hacer valer no solamente sus derechos como ser humano protegido, sino como ser perfectamente preparado para intervenir en los azares de su propio destino. La mujer en la actualidad ocupa con todos los pronunciamientos favorables, el puesto que en justicia le estaba destinado. Y su intervención en la vida pública, intelectual y social resulta tan decisiva que ya nadie intenta siquiera desdeñar su colaboración. Exactamente lo mismo que sucederá a partir de los años venideros, si se cumplen los vaticinios electorales, con los colectivos más en línea de la política española: Los colectivos gay, la gitanería andante y los curas parroquiales. Lo que nos lleva a recordar, debidamente corregida, la advertencia de Machado: Españolito que vienes/ al mundo, te guarde Dios una de las tres Españas/ ha de helarte el corazón.

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