Los leoneses participan poco, pero su conciencia ecológica crece e influye
Pensar en verde, participar en blanco
Los 20 años de Urz sirvieron de excusa para hacer un diagnóstico del asociacionismo verde en León. El CCAN, el club que nació también al amparo de la protoecología, fue e

Un momento del debate organizado por Urz en la sede del CCAN
«Cada vez se acerca menos gente y cada vez es más difícil que la gente conecte con nuestro trabajo», afirmó un miembro de Urz para abrir el debate sobre los movimientos sociales en torno al medio ambiente el viernes por la noche en el CCAN. Después de 20 en la brecha del ecologismo en León, la gente de Urz ha querido salir a la palestra para interrogarse sobre su futuro. El procurador socialista Antonio Losa, que acudió en nombre del grupo Gemal, fue el primero en apuntar al poder como causante de la crisis general del asociacionismo. «Varias asociaciones han sido desalojadas de edificios públicos de la Junta y cada vez que se les pide algo no aportan nada», acusó. El representante de la coordinadora de ONG en León achacó el problema a la «pasividad porque todo lo que nos rodea nos lleva a la comodidad». Falta educación para la participación y no sólo en la escuela -agregó- también en la familia y en un sistema político que se «limita a la democracia papeletaria». Andrés Martínez, de IU, subrayó el derecho constitucional de la ciudadanía a participar en las decisiones de la sociedad, directamente o a través de sus representantes. Pero ocurre -matizó- que al poder político «le da miedo que determinadas asociaciones con sus ideas y propuestas puedan incidir en la sociedad» y puso como ejemplo lo ocurrido en León con la propuesta de Urz para un carril-bici en la ciudad. El mundo actual propicia que «no ocupemos espacios públicos y estemos todos detrás de las pantallas», reconoció Javier Cantalapiedra, de Comisiones Obreras, quien destacó que a pesar de la debilidad que se siente en el movimiento social en los últimos años «se ha dado una mayor conciencia y ecologización de la sociedad» como prueba la avalancha de solidaridad que vive Galicia con la catástrofe del Prestige. También recalcó que el medio ambiente «no se puede dejar sólo en manos de políticos y profesionales». El representante de Noceda Verde lamentó la incapacidad de las asociaciones para ejercer un liderazgo en la sociedad, lo que convierte en que trabajo «sea un esfuerzo marginal, pero tienen que existir para dar algo a la sociedad». «Las amas de casa son las que están llevando la actividad cultural en los pueblos», declaró el representante de Coag y la coordinadora de pueblos, para hacer hincapié en el «acoso y derribo» y derribo que sufre el mundo rural. Confía en el movimiento antiglobalización y en la estrategia de las alianzas para hacer aflorar a la sociedad la toma de conciencia sobre los problemas, fundamental para actuar, añadió. Palas recalcó que «vivimos una época en la que no está nada claro, en una supuesta democracia y en un supuesto estado de bienestar, pero si lo analizamos bien estamos sufriendo verdaderas amenazas: sufrimos la dictadura del capital». Ecologistas en Acción culpó a los medios de comunicación de minimizar las acciones y la presencia del movimiento social y dijo que las nuevas tecnologías son la esperanza para el futuro. Enma Serrano indicó que «se ha hecho a la sociedad que la participación es una cuestión de beneficiencia» y la mala fama de la política también juega en contra de los movimientos sociales. Pero lo realmente importante -explicó- «es que nos están imponiendo unas condiciones de vida en las que participar en nada es bastante difícil». En este sentido hizo un llamamiento a los sindicatos. El miembro de la Mesa de la Energía Eólica señaló que «las subvenciones no son un regalo, es algo que pertenece a todos los ciudadanos y si prestamos un servicio a la sociedad es un dinero que nos pertenece».