Diario de León

El directivo de banca que cargaba ovejas para hacer clientes

Cipriano García cumple medio siglo en Caja Rural con la misma ilusión con la que comenzó de botones

Cipriano García. FERNANDO OTERO

Cipriano García. FERNANDO OTERO

León

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«He hecho de todo. Nunca he tenido reparos y mi predisposición ha sido hacer lo que fuera necesario y poner el alma en ello. Lo sigo haciendo. La vida ha cambiado mucho, también mi responsabilidad, pero la predisposición sigue siendo la misma. No tengo horario y mi teléfono siempre está operativo. Estoy absolutamente ilusionado con lo que hago». El director general de Caja Rural de Zamora cumple sus primeros 50 años en la entidad y se levanta todos los días con «ganas», y la satisfacción, «sin soberbia», de ver que aquella pequeña caja casi familiar ha llegado «hasta donde era impensable entonces, y tiene muchísimo recorrido aún». 

Cipriano García vivía en una familia ganadera con un padre con problemas de salud y una madre incansable que le incitó a superar cuanto antes aquella vida de trabajo con las vacas y estudio nocturno, que alternó con algún empleo casi infantil como dependiente. A los 14 años entró como botones en la Caja Rural. Era el 3 de enero de 1973, la entidad se había fundado siete años antes. «Aquel día cambió absolutamente mi vida. El trabajo no parecía importante, pero se me abrió el mundo. Desde el primer día me he volcado porque sabía cómo era la vida fuera. Y veía un recorrido profesional». 

Con 17 años era ya ayudante de caja y, tras la mili, tentó la suerte en el desarrollo comercial, donde «veía potencial». Se ofreció a pasar unas vacaciones de prueba, y consiguió convencer a José Pajares Rubio, su mentor y «casi un padre». En su álbum profesional y personal, íntimamente ligados, están Enrique Periáñez, José Luis Santos Azcárate y Gabriel González Nogal, entre otros.

Dirigió el departamento de cooperativas, que ha llevado a Zamora a liderar este formato empresarial. «Me levantaba a las 4 de la mañana para pesar lechones para las cooperativas, iba a las ferias de ganado y para ganarme la confianza y los cheques de los tratantes, que me veían un chavalín, les ayudaba a cargar las ovejas. Era duro, abríamos cuentas y oficinas con un trabajo a puerta fría, había que ganar la confianza, y era importante el boca a boca. Era un negocio complicado y difícil». 

Con 21 años, y de la mano de Ángel Andrés Fernández, comenzó a visitar a zamoranos instalados en Madrid. «Llegamos a tener mil millones de pesetas de pasivo de los clientes, de las visitas que hacíamos. Íbamos por Villaverde y por Carabanchel de noche con 10 millones de pesetas, no teníamos percepción del peligro». También compartió mañana y tarde durante un año entero con los vecinos de Manzanal de Abajo en las expropiaciones de Iberdrola, para ganar su confianza y gestionar las indemnizaciones. 

El director general de Caja Rural considera «absolutamente apasionantes» los últimos 25 años, de los que lleva dos décadas en el cargo, desde 2003. «Lo digo todos los días, es ilusionante, porque entramos en una dinámica impensable para lo que era la caja en aquellos años. Ahora somos una entidad respetada, con una filosofía que no se centra en ganar dinero, eso es una consecuencia de nuestra actividad diaria; sino en ser partícipes de los proyectos profesionales y personales de la sociedad en la que nos implantamos. Generar riqueza en el entorno y una sensibilidad especial en el contacto con las personas son el eje de nuestra filosofía». 

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