OTRA MIRADA
Edificios emblemáticos de León: San Agustín, 9

Edificio San Agustín, 9.
En febrero de 1958, Felipe Moreno Medrano firmó un primer proyecto de edificio para María Teresa Vivas y Hermanos en un solar la calle San Agustín c/v a Alcázar de Toledo, que pronto modificó, y cuyas obras llevó a cabo con Antonio Miguélez García como aparejador.
Finalmente levantó el inmueble con estructura de hormigón armado, tanto en la cimentación como en pilares, vigas y cargaderos; los forjados de viguetas metálicas y bovedillas cerámicas.
Excavó un sótano parcial para carboneras e instalaciones comunes. La planta baja para locales comerciales ocupando toda la parcela y los accesos con escalera de servicio para bajar al sótano separada en un portal con el puesto de vigilancia, la escalera principal y dos ascensores que suben a un primer nivel de oficinas y a cinco plantas con 15 viviendas, más un ático retranqueado con otras 3 y un sobreático con el piso del portero.
Encajó las viviendas alrededor de dos patios de luces y otro posterior más grande. Dispuso los tres alzados exteriores simétricos y tripartitos. Basamento en dos niveles; el bajo para los locales y una discreta portada por San Agustín y en el primero, amplios ventanales apaisados para las oficinas.
El volumen principal con lienzos de ladrillo pautados por los cantos de los forjados en los extremos y en las esquinas curvas, donde abrió ventanas recercadas. Hacia ambas calles y en el chaflán, frentes revocados con placas dibujadas tras balcones en voladizo protegidos por delicadas barandillas de hierro trabajado, antepechos ciegos y otros paños angulares de traza vertical revestidos de gresite, que contraponen su efecto ascendente a la horizontalidad de las terrazas.
En la coronación, las azoteas de los áticos entre cuerpos cerrados hasta la calle con balcones, pérgolas y losas en voladizo...
En su Memoria del Proyecto, el arquitecto trataba de justificar la composición de las fachadas destacando “la disposición de masas, los materiales elegidos, la combinación de luces y sombras, y la modernidad de líneas”.
E insistía en que “iba huyendo del clasicismo y tipismo trasnochado hacia nuevas tendencias de la arquitectura, pero con líneas moderadas y tranquilas, para conseguir un edificio racional que manifestara su función esencial: la vivienda…” Entre la Autarquía y el Desarrollismo, Felipe Moreno se instalaba en el funcionalismo en su particular camino hacia aquella anhelada nueva Modernidad.