El Nazareno hace historia para León en Roma
Miles de personas siguen la magna Procesión de las Cofradías y aplauden y vitorean al paso de la talla titular del Dulce Nombre y gran devoción leonesa: “Qué bonito lo hacéis”

Los papones de la cofradía de El Dulce Nombre pujan el paso de El Nazareno ante el Coliseo de Roma.
Suena bien ese «qué bonito lo hacéis» con acento sureño. Suena bien ese «Viva el Señor de León» con deje andaluz. Roma se rindió este sábado al Nazareno de León en la magna Procesión de las Cofradías en una cita en la ciudad universal cuna de la fe de millones de personas en el mundo.
Fue una muestra de diferentes maneras de expresar la misma fe. Hubo puja leonesa a hombro, costaleros y nazarenos, hubo música de bandas y la belleza de coros a veces a capela. Fue una procesión universalmente diversa. Con rigor y más contención al principio, mas a la leonesa, con más algarabía al final, pero con el mismo sentido de principio a fin.
Hubo, sobre todo, sentimiento y agradecimiento. Y vítores y aplausos al Nazareno leonés. Y decenas de preguntas sobre el paso, los braceros, la música y la Semana Santa de León. Quizá haya sido una gran promoción de la ciudad y de su Semana Santa. Todo un ejemplo.
Ningún capillo pudo enjugar esta vez las lágrimas. Una emoción incontenible. Contenida y sentida. Por Roma, la ciudad que es mundo, pasó el Nazareno de León. Y la calle, como sucede cada Semana Santa en León, se estremeció.
Apenas dieron las 10 de la mañana, la «marea de los negros» llegó, túnica y cíngulo en mano, a la Piazza Celimontana, al borde mismo de la carpa en la que, de noche, los montadores de la cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno prepararon y custodiaron al Señor hasta la hora de la gran procesión, la del Jubileo de las Cofradías, una cita histórica que, como si todo hubiera estado escrito, coincide con la entronización del nuevo Papa, con su misa de inicio de papado.
León por todas partes, en el nombre elegido por el santo padre, y en otra legión, otra «marea» de leoneses, de leonesas, esta sin túnica pero con el nombre de León por todas partes, en las camisetas, en las banderas y en el corazón, llegados de la ciudad amurallada por Roma donde, intramuros, se gestó el cristianismo temprano del norte de España.
Ante la carpa, los seises pasaron lista a 354 braceros que pujaron al Nazareno en tres turnos de 118 hermanos. Con su nombramiento a viva voz, una estampita con sus nombres, el lugar de puja en el paso, una hora para su formación y una pulsera con el nombre de Roma grabado y un color para cada turno de puja.
Cuando en Roma dieron bien pasada la 1 de la tarde, la devoción del Dulce Nombre de Jesus Nazareno salió en procesión. Música y el raseo de sus braceros. Detrás del Nazareno de León, siguiendo sus pasos, el Cachorro de Sevilla y la Esperanza de Málaga. Y con ellos cofradías de Italia, Portugal y Francia.
Máximo respeto al Nazareno en Roma. En los aplausos de la calle, en los vítores de los espectadores, mezclados españoles e italianos, en la puerta de la carpa del Cachorro y la Esperanza, con sus representaciones de las dos hermandades formadas para recibir al Nazareno, en los rezos de las tres cofradías ante la imagen leonesa y en el agradecimiento por la ofrenda de flores a la talla sevillana y a la malagueña de parte de la cofradía del Dulce Nombre, ramos de flores para todas las cofradías que procesionaron.
Vibró la calle en el Coliseo, a la entrada del Nazareno, ente aplausos y lágrimas ya nada contenidas de los braceros.
«Qué bonito lo lleváis», decían espectadores sevillanos. «Qué bonito lo hacéis», comentaban en las aceras. «Qué grandes sois», «maravilla» o «habrá que ir a León».
«Acariciad al Nazareno», instó el bracero mayor. Y la historia se hizo realidad en el lugar donde fueron martirizados los primeros cristianos de Roma.
Resonaba en el aire aun el Himno al Nazareno, entonado con fuerza por los braceros, el «salmo» sagrado de los hermanos de Jesús que se había escuchado la víspera en la Plaza de San Pedro junto al Himno de la Virgen del Camino, la del Mercado, un coro de leoneses y leonesas en la peregrinación ante la tumba del apóstol presidida por el obispo de León, Luis Ángel de las Heras, y a la que asistieron cientos de leoneses y una representación oficial encabezada por el consejero de la Junta, el leonés Juan Carlos Suárez-Quiñones, que estuvo presente en todos los actos de la cofradía.
Emoción hubo también en la basílica de Sant’ Andrea della Valle, el templo de san Andrés, el primer apóstol que creyó en Jesús de Nazaret, en el Nazareno, en donde estuvo expuesta la talla titular de la cofradía, en el lugar en el que la embajadora de España ante la Santa Sede recibió una pequeña reprimenda del público por olvidar inicialmente a León y decir que el Nazareno representaba la «sobriedad castellana», en donde la saetera Diana Navarro rezó cantando al Jesús leonés y en la que la Agrupación Musical del Dulce Nombre conmovió con su música y, como si tiraran una moneda a la Fontana de Trevi con el deseo de regresar de nuevo a Roma, interpretaron «Volver», de Alejandro Blasco.
Había que tener fe cuando aún nadie la tenía. De eso se encargó Juan Luis Sierra Viloria y Emilín Beltrán, el bracero mayor. Ellos fueron el san Andrés de este Nazareno de León, los primeros que creyeron en ello.
A las dos cumplidas, al compás de «Al Rey de los Reyes», los braceros del Dulce Nombre se convirtieron en los pies de este Jesús que va camino del Calvario. El Cielo sonó para él, para el Nazareno, el de León, en Roma, en el Coliseo, en los lugares santos de los mártires. Lo hizo la Agrupación Musical del Dulce Nombre de Jesús Nazareno y el silencio de sus braceros, su raseo, y millares de leoneses que contuvieron su emoción. En Roma y en León. Más de seis horas de fe, música y compromiso.
Y aunque la lluvia prometida sobre una tarde de primavera cayó, nada empañó la devoción de la calle romana por el Dulce Nombre y su banda, que recibió un último, sonoro y rotundo aplauso. “Qué bien lo tocáis, qué bien lo lleváis”, “que grandes, nazarenos de León, veníos a Sevilla”.
En el 29 antes de Cristo, Roma envió a sus legiones a León. Veintidós siglos después, León llegó con su legión a Roma. Fue una única y magna procesión. En la Ciudad Santa, en donde el Nazareno de León hizo historia.

El Nazareno hace historia para León en Roma
El Nazareno hace historia para León en Roma

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