El portugués y Hernández, a hombros en un sosísimo encierrro de Soto de la Fuente
Sólo el empeño de Ventura salva una tarde de rejones para el olvido

Diego Ventura argumentó la mejor faena en el quinto de la tarde
EL FESTEJO
La tarde: Media entrada en el festejo de rejones que abre la feria de San Juan.
Los rejoneadores: Sergio Galán, pinchazo y rejón (oreja); pinchazo y dos rejones atravesados (saludos desde el tercio). Diego Ventura: apuntilla al toro que se echa; rejonazo certero (dos orejas). Leonardo Hernández: rejón (oreja); rejón trasero (oreja). Salieron a hombros Ventura y Hernández.
Los toros: Se lidiaron seis toros de Soto de la Fuente, blandos y sin codicia. Se abusó de los rejones de castigo para su condición. El quinto fue el que dio mejor juego.
Si alguien salió feliz ayer de la plaza de toros de León fue el pequeño Guzmán, el niño leonés que lucha contra una enfermedad ultrarrara, y al que Diego Ventura brindó el quinto toro de la tarde. El único potable de un sosísimo encierro de Soto de la Fuente, al que el rejoneador cuidó además hasta conseguir levantar al público de sus asientos (a muchos, despertarles del letargo) y desorejarlo. Le puso las ganas y el conocimiento para que pareciera más de lo que era, lo que no ocurrió con sus hermanos, que a parte de flojos y descastadillos sufrieron rejones de castigo que no correspondían ni a su fuerza ni a su acometividad. Algunos directamente se tumbaron y el segundo fue apuntillado sin más miramientos cuando se negó a levantarse.
El quinto fue de largo el que dio más juego del encierro, también porque estuvo en manos de quien dejó claro por qué es el número uno del escalafón y por qué su carrera está plagada de puertas grandes en las principales ferias. Ventura estuvo brillante poniendo todo de su parte, animando con alardes de sus monturas a los tendidos y aprovechando el viaje del toro en una faena que fue a más, y rompió con tres banderillas cortas al violín que enardecieron a los tendidos. Aprovechó el rejoneador el tirón y colocó otras dos que provocaron el delirio. Un ramillete de garapullos en lo alto que sancionó con un certero rejonazo que puso las dos orejas en su mano.
No había tocado pelo en el que hizo segundo, un astado noblón al que intentó de salida encelar en corto con la cola del caballo, dejándose llegar. En banderillas intentó animar la actuación cabalgando a dos pistas, parando la cabalgadura cuando lo hacía el toro, quebrándole en la cara,... Intentado el temple, a pesar de lo cual su oponente rodó por el suelo y casi se aculó en tablas, haciendo caso omiso a los quiebros de la cabalgadura en su cara. Lo que hubo de belleza en la faena lo puso la excelente cuadra de Ventura, que cerró faena con banderillas cortas ante las que el toro se echó sin remedio. Descabalgó el jinete y aplicó la puntilla sin contemplaciones.

´Sergio Galán.
Leonardo Hernández se midió con el que hizo tercero, el de más peso de la corrida, que ya salió más desentendido que sus hermanos y mostrando poco celo. Clavó banderillas al quiebro e intentó encelar al paradote toro, provocarle yéndose de frente, quebrando,... Clavó con soltura y animó con un par a dos manos, alargando una faena en la que le costó luego colocar en suerte al toro para el rejón de muerte. Clavó al fin y sujetó el acero hasta enterrarlo con fuerza. El efecto fue rápido y la oreja también.
Al que cerró festejo le recetó Hernández dos rejones de castigo, cuando era evidente que sobraba el segundo. Lo dejó claro el astado, que desde este segundo rejón quedó parado. Intentó el torero asegurarse al clavar, hacerlo con la pureza que permitía el oponente, y firmó una actuación limpia con el toro emplazado en los medios en gran parte de la faena. Fijo y noble, pero sin codicia alguna, por lo que le costó al rejoneador ajustarse. Así que se entregó a los alardes, con vueltas en la cara del inmóvil toro, banderillas cortas, acariciando la testuz,... Obligó en exceso la escasa reserva del astado, que se echó y deslució el final de faena. Aún así dejó un rejón trasero y el público le pidió la oreja que le faltaba para abrir la puerta grande.
A pie salió de la plaza Sergio Galán, tras realizar dos faenas pulcras y templadas, deslucidas por la falta de transmisión de sus oponentes. Le cortó una oreja al que abrió plaza, un toro que anunció lo que iba a ser la tónica de la corrida. Ya midió el suelo el toro en un capotazo del subalterno antes de iniciar la colocación de las banderillas, que clavó el madrileño con soltura.

Leonardo Hernández.
El cuarto se dolió en el rejón de castigo, y siguió noblote la cabalgadura. Galán se dejó llegar y por exceso de confianza o por azar tropezó el caballo ante la cara del astado, cayó sobre el jinete y se produjeron unos instantes de gran tensión, con el toro encelado en el pecho del caballo y las cuadrillas intentando sacarlo de la presa. Marró sin embargo con los rejones de muerte y sólo pudo saludar desde el tercio.
Al final doble salida a hombros, pese a lo deslucido del encierro.