Diario de León

El avión que resurgió en León

Tras ser abandonado y rescatado en el base aérea, sólo existe un Piper Army Cruiser capaz de seguir volando en todo el mundo

Abigail Calvo
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León

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Es único en su especie. No existe otro Piper Army Cruiser capaz de seguir volando y en esta historia León juega un papel principal. Más allá de ser un rara avis en su especie, este avión tiene la matrícula civil activa más antigua en España. Un caso único y singular, con una historia llena de anécdotas y circunstancias.

La Piper L-14, con matrícula española EC-AAP, y conocida como La Abuela de la aviación española, ‘nació’ en diciembre de 1945 en Pensilvania e hizo grandes recorridos que forjaron su historia, a pesar de que durante casi 25 años permaneció en el olvido, oculta bajo una lona en uno de los hangares de la hoy Base Aérea de León. Una suerte que José Luis Olías se apareciese en su camino para rescatarla y elevarla de nuevo al cielo.

Cuenta José Luis Olías, un amante de la aviación, que en 1990 aterrizó en León con motivo de su participación en un Raid Aéreo a España. «En un viejo hangar del Aeródromo de León encontré un avión que no tenía ninguna matrícula ni marca, pero que enseguida asocié con una Piper», señala. Después, animado por un amigo piloto, investigó y localizó a los propietarios. «Tuve que esperar cuatro años, hasta finales de 1994, para poder llegar a un acuerdo y adquirirla», explica. Y, tras más de 5.000 horas de trabajo, el avión americano volvió a surcar los cielos con su singular figura.

El periplo de este avión comienza en Estados Unidos con el fin de la segunda guerra mundial. Después viajó hasta Cuba, donde en 1947 fue adquirida por el Marqués del Mérito José Luis López de Carrizosa, quien la trasladó hasta España en barco. Ya con su matrícula EC-AAP voló para su empresa Aerotecnica SA, que operaba desde el Aeródromo Militar de Tablada, en Sevilla, y también desde Madrid. Después, pasó a formar pilotos deportivos en el Aero Club de Málaga, desde donde voló hacia Vizcaya en 1950, con motivo de la creación de su aero club.

Una mujer al mando

Las crónicas de esa época relatan: «Algún vigía descubrió una pequeña avioneta que, minutos después, cuál saltamontes, aterrizaba. El Piper L-14 que procedente de Málaga, vía Madrid, venía pilotada por su propietaria María Victoria Puentedura, a quien acompañaba Manolo Egea, jefe de la escuela de pilotos del aero club malagueño». La Piper pasó así por otras manos, la de una mujer que la hizo volar por todo el sur de la península y el norte de Marruecos. Pero aquí no acaba la odisea de este singular avión, que después volvió a cambiar de manos. Un industrial minero del norte la adquirió para hacer más llevaderos los viajes a Madrid, que hasta entonces hacía por carretera. Un primer mal viaje hizo que el avión acabese en el Aero Club de Asturias, desde donde repartía su actividad entre los aeródromos de Lugo de Llanera y Llanes. Ahí también acogió a pilotos en formación y fue usada para hacer publicidad de chocolatinas y anís. Tras un accidente y su reparación, operó desde Llanes hasta 1957.

Tras años de abandono en Asturias, las amistades de su último propietario, Francisco Solís, la llevaron al Aeródromo Militar de León para recibir una puesta a punto, algo que nunca se llevó a cabo hasta que fue rescatada del olvido por José Luis Olías, propietario del avión que ahora conserva esta joya de la aviación en el marco de la cuidada colección de la Fundación Aeronáutica Antonio Quintana, que él preside.

La única superviviente, con más de 80 años de historia

Cual bella durmiente, la Piper fue rescatada del olvido en León. Una pieza singular de la que sólo se fabricaron una docena, tras la cancelación del pedido por parte del ejército de Estados Unidos. Ella es la única superviviente. Un avión que a la vista recuerda aquellos aparatos de la segunda guerra mundial, no en vano se construyó en 1945, cuando finalizó la gran contienda. Olías comenta que pese a su apariencia, su estado no había grandes daños, por lo que sólo necesitó horas de trabajo —muchas— y la localización de las piezas. «Arqueología industrial», precisa su orgulloso propietario, que tiene en su haber una verdadera rara avis.
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