INCENDIOS FORESTALES
La mayor catástrofe ambiental del Parque Nacional de Picos de Europa: 3.000 hectáreas son cenizas
Ha sido en distintas zonas y durante las últimas semanas de agosto

Actuación de un miembro de la UME en Barniedo.
Una de las mayores catástrofes medioambientales de la historia reciente ha golpeado uno de los espacios naturales más emblemáticos de la cordillera cantábrica en el norte de España. Cerca de 3.000 hectáreas del Parque Nacional Picos de Europa han quedado reducidas a cenizas durante las últimas semanas de agosto de 2025, según estimaciones proporcionadas por agentes medioambientales que participaron en las labores de extinción.
El incendio más devastador se originó en Barniedo de la Reina, localidad perteneciente al municipio de Boca de Huérgano, arrasando con 1.619,2 hectáreas de superficie forestal en el entorno del Valle de Valdeón. La dirección del Parque Nacional confirmó estas cifras a través de sus redes sociales este septiembre.
Este siniestro alcanzó el nivel 2 del Índice de Gravedad Potencial (IGP), propagándose con alarmante velocidad por el Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre. La situación llegó a ser tan crítica que las autoridades ordenaron el confinamiento de varias localidades cercanas, entre ellas Portilla de la Reina y Llánaves de la Reina, para garantizar la seguridad de sus habitantes.
Impacto en zonas emblemáticas y turísticas
El balance de los daños resulta aún más preocupante al añadir el incendio que afectó a la emblemática Ruta del Cares, uno de los senderos más transitados y conocidos del parque nacional, que conecta las provincias de León y Asturias. Esta ruta turística permaneció cerrada debido a los desprendimientos de rocas provocados por el fuego. Este segundo incendio, originado por la caída de un rayo en la localidad asturiana de Camarmeña, calcinó 1.221,6 hectáreas en la zona comprendida entre Posada de Valdeón y Poncebos.
Completando este desolador panorama, un tercer foco en el valle de Sajambre provocó la pérdida de otras 82,6 hectáreas de vegetación. Estos tres incendios configuran un escenario de destrucción sin precedentes en décadas para este espacio natural protegido, que precisamente organizará sus segundas jornadas de investigación entre el 6 y 7 de noviembre de 2025 en el Centro de Estudios Lebaniegos, ubicado en Potes (Cantabria).
Factores climáticos determinantes
Los expertos señalan que la concatenación de factores climáticos adversos jugó un papel determinante en esta catástrofe. La ola de calor que azotó la península ibérica durante agosto de 2024, con temperaturas anormalmente altas de hasta 4,6 grados por encima de los valores medios estacionales, creó las condiciones perfectas para la propagación descontrolada del fuego.
Paradójicamente, la primavera especialmente húmeda también contribuyó indirectamente a la magnitud de los incendios. Las abundantes lluvias propiciaron un crecimiento excesivo de vegetación que, tras un verano seco y caluroso, se transformó rápidamente en combustible de alto poder calorífico para las llamas.
Este desastre medioambiental se enmarca en un contexto nacional igualmente preocupante. España ha perdido aproximadamente 400.000 hectáreas por incendios forestales durante 2025, convirtiéndose en uno de los años más devastadores en términos de superficie quemada. Castilla y León, comunidad autónoma donde se ubica parte del Parque Nacional Picos de Europa, figura entre las regiones más castigadas por esta oleada de incendios.
Consecuencias ecológicas y planes de recuperación
Las consecuencias ecológicas de estos incendios se extenderán durante años. Los ecosistemas afectados, caracterizados por su rica biodiversidad y la presencia de especies emblemáticas como el oso pardo cantábrico, el urogallo o el rebeco, sufrirán alteraciones profundas en sus dinámicas naturales y cadenas tróficas.
La pérdida de cobertura vegetal aumenta significativamente los riesgos de erosión del suelo, especialmente en un terreno montañoso y escarpado como el de Picos de Europa. Los expertos advierten que las primeras lluvias intensas podrían provocar deslizamientos de tierra y arrastre de sedimentos hacia los cauces fluviales, afectando también a la fauna acuática.
Con la amenaza inmediata del fuego ya superada y la llegada de temperaturas más frescas en este inicio de 2025, las autoridades medioambientales han comenzado a trabajar en la delimitación precisa de los perímetros afectados y en la planificación de ambiciosas medidas de restauración ecológica.