II Foro Ancares | El futuro de Los Ancares

Los Ancares: el valor de lo auténtico

Publicado por
Antonio Rigueiro Rodríguez | Catedrático emérito de la Universidade de Santiago de Compostela

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El Foro Ancares reunió en su primera edición el año pasado en Ponferrada, con el lema ‘Los Retos del Noroeste’, a los presidentes de Castilla y León y de Galicia, y pensamos que podrían añadirse en alguna de las ediciones futuras los del Principado de Asturias y de la Región Norte de Portugal. Nuestras autoridades analizaron los problemas comunes a ambos territorios y reivindicaron un modelo de financiación «solidario» e inversiones en infraestructuras para corregir las desigualdades territoriales. Retos, problemas y reivindicaciones que tristemente pueden ser los mismos o parecidos este año, en la segunda edición del foro.

Y es que el Noroeste no suele ser, o al menos no se considera, bien tratado por los gobiernos centrales, cualquiera que sea el color del partido que ostente el Gobierno, y guarda en el desván un catálogo de agravios históricos, muchos de ellos relacionados con las infraestructuras o la dispersión de la población, que de vez en cuando se sacan a la luz. Tenemos motivos para quejarnos. Por ejemplo, nuestra autovía del Noroeste fue la última de las radiales españolas en finalizarse y la primera en caerse a pedazos, y su firme se arregla cuando los destrozos la convierten en un camino de carros. La entrada de la alta velocidad ferroviaria en Galicia llegó tarde y dejando al margen ciudades como Lugo, cuando la entrada natural, ya descubierta por los romanos, por la vía jacobea del invierno, es decir por Ponferrada y Valdeorras, permitiría obviar obstáculos montañosos y dar servicio a la capital del Bierzo y a las ciudades gallegas. Galicia y Castilla y León somos vecinos bastante bien avenidos y compartimos muchas cosas, y no sólo problemas, especialmente en las comarcas limítrofes: el idioma gallego, gastronomía, de vez en cuando, como este año, incendios forestales y una sierra mítica que quizás nos une más que nos separa, la de los Ancares, una frontera política y natural entre Galicia y la cuenca del Bierzo, que más que compartirla la repartimos en los Ancares lucenses y los leoneses, y no nos pusimos de acuerdo para crear una única Reserva de la Biosfera que también repartimos, en cambio sí hubo acuerdo, en teoría más complicado, entre Galicia y Portugal para crear la Reserva de la Biosfera Transfronteriza Gerês-Xurés. Ojalá algún día la línea fronteriza de las cumbres de la sierra nos una más que nos divida y podamos disfrutar de un único y compartido parque natural de los Ancares.

VALORES

La Sierra de los Ancares es tierra de nieblas altas y valles profundos, que guarda la memoria de los siglos y, entre lamentos de abandono, se eleva en silencio hacia las nubes, escuchando el rumor de los ríos y riachuelos que es como una plegaria antigua y presumiendo de sus singularidades y de sus notables valores naturales y culturales. Las partes leonesa y lucense comparten los honores de ser Reservas de la Biosfera, Zonas Especiales de Conservación de los Valores Naturales (Red Natura 2000) y Zonas Especiales de Protección para las Aves. La parte gallega tiene además la honra de ser Paisaje Pintoresco y Zona Especial de Protección para el Oso Pardo, incluyendo también una zona de Reserva Nacional de Caza.

Entras en la Sierra de los Ancares como en un templo verde, con los sentidos abiertos, escuchando el silencio, y con el alma dispuesta a recordar que todavía hay lugares donde el tiempo se detiene. Cuando caminas por sus bosques en noches sin luna aún puedes encontrarte con las ánimas de la Santa Compaña y también con sueños de quienes buscan la pureza, el sosiego y la verdad escondida en la soledad del paisaje. A sus habitantes tenemos que agradecerles que permitieran que llegara a nuestros días un espacio natural de tanta hermosura y con tantos valores. En los Ancares el invierno llega despacio, bajando de las cumbres hacia los valles, y la nieve tiñe de blanco, aunque cada vez menos por el cambio del clima, los prados, los campos agrícolas, las pallozas, herederas de un mundo prerromano que se niega a morir, las casas de los pueblos, en las que cada año aumentan las chimeneas que no humean debido a la galopante recesión demográfica, y un paisaje forestal que esconde una valiosa diversidad biológica vegetal y animal, en el que dominan los robles, rebollos, castaños, abedules, hayas, acebos y serbales de cazadores, con algún guiño a la encina en las zonas de substrato calcáreo, acompañados de áreas de matorral de piornos, retamas, urces y brezos bajos. El verano, en cambio, despierta el color y la vida: los prados se llenan de flores, las abejas zumban sobre los brezos y el horizonte nos muestra un tapiz de verdes infinitos. Es un territorio donde los humanos y la naturaleza han aprendido a respetarse, a convivir sin prisas, porque saben que se necesitan. Los asentamientos poblacionales pequeños y dispersos dificultan la dotación de servicios y equipamientos. La economía local se basa en la ganadería extensiva, la silvicultura y el turismo rural, incrementándose en los últimos años el orientado a la interpretación ambiental y de los astros, por la ausencia de contaminación lumínica o su baja intensidad.

ESPERANZA

Es difícil frenar el declive demográfico fijando población y atrayendo nuevos moradores, pero hay iniciativas alentadoras que merecen reconocimiento y apoyo, como la cooperativa A Carqueixa, que agrupa a 200 ganaderos, algunos de los cuales aún realizan trastermitancia (trashumancia de corta distancia), recorriendo en verano con sus vacas 20 kilómetros hasta los Ancares leoneses para aprovechar los pastos estivales de montaña en las brañas, importantes formaciones vegetales que van evolucionando hacia piornales y retamares al reducirse la intensidad de la actividad pastoril. A Carqueixa es un ejemplo de lo que se puede hacer para aprovechar los recursos naturales de forma sostenible y fijar población en los Ancares; se orienta principalmente a la producción de carne de calidad de vacuno (ternera gallega suprema) en base al pastoreo extensivo, que es efectivo también para la prevención de incendios forestales, una ganadería que alguien calificó como ganadería heroica, por la difícil fisiografía del terreno, en comparación con la viticultura heroica de la Ribeira Sacra.

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El cineasta Oliver Laxe, el de ‘Lo que Arde’ y ‘Sirât’, rehabilitó la casa familiar de Quindós, en el pueblo naviego de Vilela, para convertirla en la sede de la Asociación Ser, que lidera proyectos y actividades encaminadas al desarrollo rural y a luchar contra el despoblamiento, fijando población y atrayendo nuevos habitantes. Un proyecto impulsado por Laxe y financiado por la Comisión Europea, en el que participan siete países europeos, busca conocer y reconocer lo que ya funciona para poder fomentarlo, en el contexto del reto demográfico. Hacen falta más líderes como Oliver Laxe y Román Sánchez, gerente de A Carqueixa. La Sierra de los Ancares es un lugar para experimentar el valor de lo auténtico, un enclave de elevada singularidad dentro del Noroeste ibérico, donde confluyen valores geológicos, biológicos y culturales de notable interés científico, un laboratorio natural para el estudio de los ecosistemas de la montaña atlántica y la interacción sostenible entre el ser humano y el medio natural; las dificultades orográficas han favorecido un aislamiento secular de sus pueblos que ha permitido la supervivencia de tradiciones y de una arquitectura popular singular, como son las pallozas y los hórreos. También conserva todavía, sobre todo los habitantes de mayor edad, un patrimonio cultural inmaterial y unos conocimientos transmitidos de generación en generación que debemos conservar. Ojalá el tercer Foro Ancares pueda cambiar de lema, de catálogo de problemas y de reivindicaciones, porque los anteriores hayan servido para frenar la recesión demográfica, dar impulso a la conservación del patrimonio natural y cultural, generar riqueza sostenible y mejorar la calidad de vida de los habitantes.