Una docena de eméritos nutre con su entrega científica a la Universidad

Un largo proceso fija si un catedrático puede seguir vinculado a la ULE al llegar la jubilación

Una muestra con bacilos de la tuberculosis en un laboratorio de investigación.jesús f. salvadores

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León

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Los catedráticos de universidad tienen la opción de alargar su vida profesional y convertirse en eméritos, un cargo en el que la docencia queda un poco de lado para centrarse más en la actividad investigadora. Es un proceso complejo y voluntario y la Universidad de León cuenta actualmente con una docena de estos profesores que han superado el proceso tras decidir continuar con su vinculación a la institución académica.

«Los eméritos aportan sus conocimientos, su experiencia, no tanto en la docencia, que pueden estar ligados a másteres o a los grados, pero ya no son responsables como lo eran como cuando estaban en activo», explica el vicerrector de Profesorado, Miguel Ángel Tesouro, quien incide en que se trata de un «reconocimiento excepcional» que no se puede dar a cualquier profesor. Un claro ejemplo de estos profesores eméritos fue Miguel Cordero del Campillo, quien tras 40 años dedicados a la docencia y a la investigación en el Campus de Vegazana fue nombrado emérito y siempre estuvo vinculado a su casa, la Facultad de Veterinaria.

Tesouro destaca que los eméritos tienen que sobresalir por la «ejemplaridad» en su trayectoria profesional y que desde la institución académica se tiene en cuenta su realmente «van a aportar» en el nuevo cargo, generalmente vinculados a proyectos de investigación. Es decir, tienen que tener méritos destacados.

Es el catedrático el que debe postularse para convertirse en emérito, pero después de hacer frente a un exigente proceso. Primero, debe contar con el respaldo del departamento al que está vinculado y, después, con el de la Junta de Facultad. La memoria que debe elaborar en la que informa sobre sus méritos se somete después a la Agencia para la Calidad del Sistema Universitario de Castilla y León, que debe determinan si cumple o no con los requisitos, y después vuelve a pasar por una comisión académica en la propia Universidad de León y el Consejo de Gobierno, para después llegar hasta el rectorado, donde se tiene la última palabra al respecto. «Cuando hay algún voto en contra durante el proceso, que puede haberlo, es más complejo, y se tienen en cuenta muchos aspectos en la decisión final, pero hay propuestas que no consiguen el respaldo para ser emérito», explica Miguel Ángel Tesouro, con lo que finalmente el catedrático debe jubilarse.

El vicerrector de Profesorado de la Universidad de León explica que en algunas universidades «se pone límite» al número de eméritos que se pueden nombrar cada año, pero que en León se valoran los casos. «Cada año, lo solicitan entre tres y cuatro catedráticos, cuando los que se jubilan son cinco veces más», concreta. A los eméritos se les hace un contrato de dos años, con una posible prórroga durante otros dos, a fin, por ejemplo, de que puedan concluir algún proyecto de investigación que tengan en marcha o seguir asesorando a otros científicos que tengan líneas en marcha. Después, una vez cumplidos esos cuatro años, pueden convertirse en eméritos vitalicios, «a los que les gusta la Universidad y quieren continuar con su vinculación se les paga ya sólo un seguro para que cuenten con el respaldo legal y se les puede nombrar eméritos honorarios o eméritos vitalicios», concreta Tesouro, quien pone como ejemplos de personalidades de la Universidad de León que siguen vinculadas a la institución académica los ex rectores Juan Manuel Nieto Nafría o Ángel Penas, además de Fernando de Arvizu y Galarraga, catedrático de Historia del Derecho y figura reconocida en el ámbito de la jurisprudencia.

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Actualmente está en proceso la decisión de si la Universidad de León sumará otro emérito, que se sumaría a los dos que han sido concedidos este año: Luis Anel Rodríguez y José Luis Sánchez Gómez, que recibieron el visto bueno definitivo en el Consejo de Gobierno de septiembre. Gregoria Cavero, es actualmente la emérita con más trayectoria en Vegazana, ya que fue nombrada en 2022.

Otra figura: los colaboradores honoríficos, con 184 en la ULE

Junto con los profesores eméritos, hay otra figura entre los docentes universitarios: los colaboradores honoríficos. «Son personas de grado superior y cada profesor puede proponerlos para que colaboren en investigación, tanto como colaboradores externos en máster —pero no engrado—, y se les puede nombrar cada año», explica el vicerrector de Profesorado, Miguel Ángel Tesouro. Actualmente, en la institución académica leonesa son 184 los colaboredes honoríficos, personalidades de reconocido prestigio, tanto titulados como profesionales de una determinada rama o sector (que no estén ya vinculados a la Universidad de León), que colabora de manera voluntaria y sin ánimo de lucro con los docentes tanto en el ámbito académico que no sea formación reglada como en su lado más científico o en acciones ligadas a la extensión universitaria.

Gregoria CaveroDL

GREGORIA CAVERO: «Pienso que podía aportar conocimiento a mi disciplina»

«Decidí solicitar ser emérita porque realmente pensaba que podía seguir aportando a mi disciplina conocimiento, investigación y docencia. Después de tantos años se adquieren muchos conocimientos que es bueno transmitir. Y también porque en León tenemos unos excelentes archivos, en los que me he pasado media vida, que permiten seguir investigando y publicando», comenta Gregoria Cavero, catedrática de Historia Medieval y profesora emérita desde 2022. Considera que esta figura permite a los docentes e investigadores «que generan actividad, contribuir a proyectos, impartir docencia y enriquecer, porque pueden ser el contrapeso generacional. Sin duda, la experiencia es un grado y se puede aportar mucha». Explica Cavero que su figura ayuda a otros docentes a enfocar temas para alumnos, impartir seminarios o conferencias, «se trata de apoyar» y de no romper de «forma drástica» con lo que has hecho siempre.

José Luis Sánchez GómezDL

JOSÉ LUIS SÁNCHEZ GÓMEZ: «Me gusta mucho mi trabajo, es lo que más me divierte»


«A mí me gusta mucho mi trabajo, es lo que me divierte, dedicarme a la investigación», contesta risueño el catedrático de Física Aplicada y recién nombrado profesor emérito José Luis Sánchez Gómez. Disfruta con su labora científica, vinculada al Grupo de Física de la Atmósfera, y en su agenda «una semana de clase en marzo y otra en abril». De esta forma, puede seguir aportando sus conocimientos a la investigación, ahora con un proyecto vinculado a las predicciones para los vuelos de los drones. «Ahora tengo libertad y puedo trabajar con los proyectos que me gusta y sé hacer. Estoy emocionado», señala, tras recordar que su proceso para ser emérito comenzó en enero y no se lo concedieron hasta octubre. «Yo cobro la jubilación y tengo un pequeño contrato con la Universidad, que son compatibles y que te permite seguir teniendo ese vínculo contractual», remarca para ahondar en sus investigaciones abiertas.