Qué fue del pueblo de León que se hizo millonario dos veces con el Gordo
Hace 40 años, el Gordo del Niño dejó en Canales-La Magdalena 3.492 millones de pesetas, 62 millones y pico de euros, pero la mayor parte de los afortunados se arruinaron a la misma velocidad que se hicieron millonarios

Una de las casas de Canales construida con el premio de la lotería de hace 40 años.
Ya lo dicen los gurús de las finanzas. Ni Ferraris, ni Teslas ni casoplones. Di que ahora mismo, el Gordo no te da para nada de todo eso. Pero en 1985, sí.
La mayoría de las personas que aquella Navidad de 1985 compraron en Canales-La Magdalena el 87449 no salieron de pobres y hubo quien hasta se arruinó habiendo sido ‘rico’
El rastro de los millones está patente aún en el pueblo. En su urbanismo. El pueblo de casas mineras, cuadras de piedras, huertinas y portalones para el ganado cambió para siempre. Aparecieron las piscinas, los chalets, las casas de varias plantas con escalinatas bien visibles. El más famoso, el ‘chalet de Falcon Crest’. Se le conoce aún así. Lo levantó Bautista González ‘Marchena’. Un emblema. La prueba evidente, a simple vista, de que allí, en esa casa, había tocado el Gordo del Niño.
Cuentan en el pueblo que muchos de aquellos millonarios que se hicieron ricos en tiempo récord -lo que tardan los Niños de San Ildefonso en cantar el número- se arruinaron a la misma velocidad. Que perdieron la cabeza, que no hubo cabeza para gestionar la millonada. Y que el dinero no creó riqueza ni mejoró el pueblo. Los ‘chalezazos’ bien evidentes, BMV y poco más. El 6 de enero de 1985 cayeron 3.492 millones de pesetas en Canales-La Magdalena, dos pueblos que son como uno aunque separados por un puente. Traducido: 62 millones y pico de euros. Cada décimo, 16 millones de pesetas. Cincuenta si pertenecía a la cuarta fracción.
El pueblo se llenó de enviados de bancos y representantes de concesionarios. Para cuando se marcharon habían hecho su agosto en enero. Hasta Caja España vendió una promoción de viviendas que hasta ese día no tenía comprador.
En el pueblo señalan por casas los agraciados y los arruinados. Lo cuentan los que tuvieron la otra suerte, la mala, y no compraron a Manuel y Lourdes, los dueños del bar que habían adquirido el número.
Ángel Mendoza fue más precavido. Tenía 18 años cuando escuchó al hijo de los dueños del bar dando voces por el pueblo con la noticia de que había tocado el Gordo. Tardó años en hacerse una casa. Esperó años a tocar el dinero. Abrió un supermercado en La Magdalena, que aún regenta, para seguir cotizando. Uno de los pocos al que ese dinero -que si te va a tocar te toca, hagas lo que hagas-, le sigue rentando.
En Canales ya había tocado el Gordo de la Lotería Nacional del Sorteo Extraordinario de Verano del 13 de agosto de 1983. A las 12,30 del mediodía hizo ricos a 26 vecinos de Canales que habían jugado en su peña el 55719. Veinte millones de pesetas de la época. Dos años después, el Gordo de enero también cayó en 9. La superstición corre, como el juego, por el pueblo. Muchos siguen apostando al 9. Porque ya lo dice el refrán, no hay dos sin tres. Quién sabe. Y por si acaso. No vaya a ser.
El Gordo del Niño de 1985 también lo vendió la Administración número 8 de León, en el Crucero. Lo vendió Irene Izquierdo Román, abuela del actual administrador, José Antonio García Quiñones. Lo que sucedió con los premiados de este barrio de León es mucho más difuso. Se ha diluido en el anonimato de la ciudad, aunque se señala a algunos de los afortunados, como una tienda de ultramarinos del barrio y algunos vecinos más.
Ahora, los 400.000 euros del Gordo, del que Hacienda se lleva directamente casi 80.000 euros, no dan para casoplón con escalinata y piscina ni aunque hayas heredado el terreno de tus padres. Pero bienvenido el dinero de la suerte. Que te llega lo merezcas o no.