Feve sorprende con otra fábula: érase un vagón sobre una laguna
El servicio ferroviario se dirige al abismo con otra jornada de perplejidad y el tren anegado

Vagón anegado en el tren de Matallana
A Feve le resulta complicado encontrar una jornada sin arrojar repercusiones al servicio que debería prestar al usuario. Cuatrocientas incidencias mensuales convierten en anécdota cualquier evento, por mucho que el evento suponga viajar en tren anfibio, y el pasajero tenga que levantar los pies del piso para no empaparse en el trayecto. Así se encontraron los pasajeros que tomaron ayer la composición de las dos de la tarde en el apeadero de La Asunción y emprendieron viaje con la sensación de avanzar en una canoa con el agua a la altura de los tobillos. A lo largo del trazado, nadie les aportó explicación alguna; sobre el origen de la charca, ni la solución, ni si podía afectar a su seguridad en algún momento. Lo mejor de los cuatrocientos incidentes al mes es que quedan pocos fenómenos que puedan causar sorpresa a quienes aún mantienen la esperanza de llegar a disponer de un servicio digno, a la altura del epígrafe de osp que luce si brillo en el despliegue de este ferrocarril de vía estrecha, empujado al abismo del abandono. La laguna en el tren de este domingo enfatiza uno de los lemas con los que la plataforma llama a la movilización del 18 de enero, en esa cadena humana que unirá el apeadero del extrarradio de la ciudad y la estación de Matallana, por el pasillo que será en breve sepultura de las vías. «El transporte público no se autogestiona», invoca uno de los carteles que convoca a la marcha, continuidad y consecuencia de los motivos que justificaron el pasado sábado la primera muestra de resistencia con el corte de tráfico en Padre Isla, el primero de una serie que finalizará el mismo día que el Gobierno ceda, aporte el dinero necesario y devuelva el tren a la estación del centro de la ciudad. El resto del episodio de pasajeros anfibio del primer domingo del año está clasificado en los carteles: no hay paneles; no hay megafonía; no hay información pública; «ni la inteligencia artificial entiende este servicio», ironiza el relato que deja en ridículo el dato. «¿Hoy hay tren?» es una de las cuestiones de cabecera que preceden cada día al momento de subir a la Feve. Así se alimenta el bestiario. El agua en el vagón ya tiene algún precedente; el pasajero termina por acostumbrarse; y espera acertar con un calzado a la altura del reto.