La falta de potencia eléctrica por un ‘apagón inversor’ frena cien proyectos industriales en León
El alcalde de Onzonilla ve que la saturación de la red actúa de muro para expandir el polígono. Diego Lorenzana denuncia falta de inversión en estaciones y constata problema en uso residencial en La Lastra

El alcalde de Onzonilla denuncia que la subestación de Vilecha está saturada y no puede dar más altas eléctricas.
La crisis energética ya no es una cuestión de precios, sino de «capacidad de enchufe». El alcalde de Onzonilla, Diego Lorenzana, ha puesto cifras y rostro a un problema estructural que amenaza con secar la expansión industrial en esa localidad del área metropolitana y su entorno, ya que un centenar de proyectos de apertura o ampliación de negocios han recibido el «no» por respuesta debido a la saturación de la red eléctrica y sin luz, no hay recorrido.
La situación afecta especialmente a la parte de Onzonilla del polígono industrial, donde una veintena de empresas que quieren crecer o asentarse —principalmente de los sectores logístico, alimentación y textil— permanecen bloqueadas, según indica. Incluso tienen constancia que la misma problemática afecta a usos residenciales en La Lastra. Lorenzana lamenta que, mientras los grandes despachos nacionales se llenan de discursos sobre la transición energética y el reto demográfico, la realidad a pie de polígono es «mucho más simple y más dura». «No es falta de suelo ni trabas urbanísticas; es que simplemente la red no tiene capacidad disponible. Y sin potencia, no hay inversión ni empleo», denuncia el regidor.
«Nos piden fijar población y dar licencias, pero infraestructura básica como la electricidad, luego no responde»
«Una desigualdad silenciosa»
El malestar en el Ayuntamiento de Onzonilla es patente al comparar la situación de León con otros polos de desarrollo. Lorenzana critica que este colapso no ocurre en Madrid, Barcelona o Valladolid, ciudades donde la inversión en infraestructuras eléctricas sí ha ido acompasada al crecimiento industrial.
«Las inversiones ya no se distribuyen por la calidad del proyecto, sino por la capacidad de conexión. Es una desigualdad territorial silenciosa que pone piedras al crecimiento de León», subraya, e insiste en que «se nos pide que fijemos población y facilitemos licencias, pero luego la infraestructura básica no responde. Es una contradicción absoluta entre el discurso oficial y la realidad». Para el alcalde, parte de la raíz del problema reside en el cambio de modelo energético. Tras el cierre de la central de Compostilla, la fuente principal de energía ha pivotado hacia la electricidad, pero la red de transporte y las subestaciones no se han adaptado al nuevo escenario.
Aunque confía en que la subestación de Villadangos pueda aliviar parte de la carga, insiste en que es insuficiente si no se produce un aumento real en el reparto de electricidad y se ejecutan infraestructuras pendientes como la de Grulleros, que posee la licencia para construirse pero que ha quedado en un limbo.
La advertencia de Lorenzana va más allá del tejido empresarial.
El regidor alerta de que, si no se actúa de inmediato, el problema saltará de las naves industriales a las viviendas. «Ahora son las industrias, pero pronto vendrán las denegaciones para uso residencial, como se está produciendo en el entorno de La Lastra», indica.
El próximo miércoles, el Pleno de Onzonilla se convertirá en el altavoz de una demanda que afecta a toda la provincia. La moción instará a Red Eléctrica y al Gobierno de España a pasar de las palabras a los hechos: «Onzonilla tiene ubicación, suelo y vocación. Lo que no puede permitirse es quedar sin luz mientras se habla de reindustrialización», concluye. El regidor de Onzonilla advierte de que el tiempo de las buenas palabras en los despachos de Madrid ha agotado su crédito frente a la realidad de las persianas que no pueden levantarse.
La parálisis eléctrica no es solo un bache técnico; es un freno de mano al futuro de León que condena a la provincia a una competencia desleal frente a territorios con redes sobredimensionadas. «No se puede pedir a los municipios que luchen contra la despoblación con una mano atada a la espalda por la falta de inversión en infraestructuras básicas», apunta. Entiende que la batalla por la subestación de Grulleros y la ampliación de la potencia no es solo una cuestión de cables y voltios, sino de supervivencia económica y justicia territorial para las familias que dependen de esos empleos que hoy, literalmente, no tienen luz verde para existir porque la subestación de Vilecha se encuentra al límite de su capacidad técnica e impide nuevas altas.